Fuera de cancha

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

Quien esta semana no se enteró de nada que no ocurriera dentro de una cancha no debe sentirse culpable. Es prácticamente imposible escapar; el tiempo dejó de medirse en días para medirse en partidos, tiempos extras y la esperanza de un ¿y si sí? En México, el Mundial es un estado de excepción emocional, un permiso para faltar al trabajo y una licencia para llorar en público sin tener que dar explicaciones. Sin embargo, no todo ocurrió dentro de la cancha, el futbol también vivió el drama fuera de ella.  

La Selección Nacional, supuestamente concentrada, blindada y resguardada como si fuera información que el gobierno hubiera reservado durante cinco años, recibió a un influencer estadunidense que llegó hasta los jugadores con una cámara, una apuesta ganada y relojes de la marca Rolex para repartir. La defensa mexicana aguantó más de 90 minutos a Ecuador, pero se rindió ante un youtuber con obsequios. De cualquier manera, el gusto les duró muy poco, ya que el Código de Ética de la FIFA no ve con buenos ojos los regalos de lujo y menos aun cuando provienen del competidor de un patrocinador oficial del TRI, así que tuvieron que devolverlos.

Así, los relojes se fueron, pero las dudas quedaron. ¿Quién es responsable de que le metieran un gol a la Selección? ¿Cómo llegó el influencer a la concentración, quién lo llevó y quién le abrió la puerta?, ¿a nadie se le prendió el foco sobre las implicaciones que esto traería?

La FIFA tampoco quiso quedarse atrás y se puso a jugar con el reloj. El partido de este domingo, pactado a las 6 de la tarde, fue movido al medio día por pronóstico de tormenta; horas después regresó a las 6. En cuestión de horas, la afición pasó de organizar almuerzo, botana y sobremesa a reorganizar cena. Además, desató el imaginario colectivo que sólo espera un pretexto para salir a la luz, que si el sol sería una desventaja para la selección inglesa o que si el Gobierno de la CDMX pidió el cambio para tener más seguridad. La Federación presume tecnología para detectar fueras de lugar, pero para confirmar una hora mantiene el ojo de buen cubero. 

Ecuador, por su parte, se fue de México con la convicción de haber descubierto una nueva modalidad táctica de marcaje: el desvelo patriótico. La Federación ecuatoriana se quejó del ruido afuera del hotel de concentración. Inglaterra tomó nota y su selección decidió mantener en reserva la ubicación de su hotel. Además, el gobierno británico emitió recomendaciones de viaje para sus seguidores. Los ingleses están preocupados por la altura, el ruido, la afición, los robos de celulares y las bebidas adulteradas, cuando en México eso es un domingo cualquiera. 

Lamentablemente, en el futbol no todo ha sido anécdota y esperanza. La última celebración, cuando México se impuso ante Ecuador, provocó la muerte de cuatro personas en el Ángel de la Independencia, tres de las cuales murieron por asfixia al ser aplastadas. Detrás del grito también está una multitud que puede perder el control, un festejo que se convierte en una trampa mortal y una autoridad que no prevé, improvisa y confía en que la euforia se administre por sí sola.

Este domingo el país hará lo que mejor sabe hacer: creer. Se suspenderán las comidas, los pleitos familiares y la atención a las noticias. Si el T-MEC no se renueva y condena al país a una década de “diálogo”; si el apellido Lozoya vuelve a aparecer y sirve de pretexto al gobierno para hablar de la corrupción del pasado, no la propia o si otro exfuncionario aparece señalado por violencia doméstica, puede aguantar hasta que la realidad regrese a la cancha para cobrar los tiempos extra que se le adeudan.