Desparpajo

Silvano Espíndola

Silvano Espíndola

Ornitorrinco

Procedente del griego aúra, el latín adoptó aura para nombrar a una “brisa suave”. Por la relación del aire con la respiración pasó a asociarse con aliento vital y más tarde, en español, el concepto evolucionó para nombrar una especie de energía inmaterial que puede rodear a las personas, lugares u objetos. Finalmente, ya en la actualidad, sobre todo en el argot de las redes sociales e internet, el “aura” alude al carisma y popularidad que emana una personalidad magnética.

“Farmear aura” combina aura con el verbo inglés to farm, que en la jerga de los videojuegos alude a acumular o cultivar deliberadamente algo. Recientemente, el término ha cobrado relevancia en los medios de comunicación, debido a que se han multiplicado las noticias sobre una nueva actividad social entre los más jóvenes: los duelos de aura. En ellos, dos participantes se colocan frente a frente y usan poses, miradas, caminatas, pasos de baile, gestos exagerados o referencias a memes. En estos intercambios informales, se dice que “gana aura” quien suscita la reacción más entusiasta del público. No existe una puntuación oficial, reglas universales ni una escala real para medir el aura. Es, por lo tanto, una confrontación lúdica, no física, a través de improvisaciones, referencias compartidas en internet y reacciones sociales. Aunque el término ya circulaba desde 2024, su difusión se aceleró el año pasado. Un niño que participaba en una competencia tradicional de Indonesia impulsó su reconocimiento internacional al aparecer en un video bailando mientras mantenía el equilibrio con naturalidad sobre la pequeña proa de una embarcación, durante una carrera de Pacu Jalur. Su desparpajo hizo que el video acumulara cientos de millones de visualizaciones; su baile fue reproducido por deportistas y cuentas de equipos alrededor del mundo; él fue nombrado embajador turístico de Riau, y el término aura farming acabó como finalista de la Palabra del Año 2025 de Oxford.

Cabe destacar que farmear aura no se trata necesariamente de poseer cualidades valiosas, sino tan sólo de producir escenas, gestos, silencios, atuendos o intervenciones capaces de generar admiración. En este sentido, corresponde a lo que Schopenhauer define como el honor objetivo: “la opinión que tienen los demás de lo que valemos”, y lo que nos motiva a buscarlo lo llama vanidad: querer producir en los demás una alta opinión sobre nuestra persona. A primera vista, podría parecer que farmear aura es una actividad intrascendente, pero desde el punto de vista sociológico quizás tenga relevancia. En su libro Arte del buen vivir, Schopenhauer analiza también el honor caballeresco como fuente desproporcionada de violencia. Recibir una ofensa y hasta un golpe es en realidad algo trivial que no exige necesariamente una retribución, a menos que se crea que el daño no está en el hecho mismo, sino en la reputación de tolerarlo. Aquí identifica el origen de la absurda costumbre de querer recuperar el honor con duelos a muerte.

La cultura del aura reproduce esta lógica en una forma menos sangrienta, pero la pérdida de aura sigue exigiendo una actuación que revierta la percepción colectiva. Así, el honor puede depender de un comentario, un video o una reacción masiva: exactamente el tipo de subordinación a la mirada ajena que Schopenhauer juzgaba perjudicial para la paz interior. En resumen, todo este fenómeno podría ser una versión moderna de una vieja tentación: confundir ser estimado con parecer interesante, y parecer interesante con ser alguien valioso.

ATMA

Schopenhauer tuvo un perro al que llamó Atma, nombre emparentado con el sánscrito ātman, “sí mismo” o “alma”. Se cuenta que, cuando el animal lo irritaba, lo insultaba llamándolo “humano”.

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