Alteridad, solidaridad y escucha

El capitalismo neoliberal, a través de los medios digitales, promueve conductas igualitarias en los consumidores. Argumentos como “todos lo tienen”, “todos chatean”, “todos lo ven” o “todos lo oyen” parecen irrenunciables en la vida de cualquier persona.

Cuando alguien se inclina a hacer algo por el simple hecho de que otros también lo hacen, los papás suelen utilizar la conocida frase: “si los demás se avientan por la ventana, ¿también te aventarías tú?". Locución con carácter profundamente didáctico, que invita a reflexionar antes de actuar y evitar comportamientos de masas. La sociedad actual, a pesar de sus notables logros en materia de protección de libertades individuales, se enfrenta, de nuevo, a la imitación masiva potenciada por la revolución digital y aunada a la manipulación cultural.

El capitalismo neoliberal, a través de los medios digitales, promueve conductas igualitarias en los consumidores. Argumentos como “todos lo tienen”, “todos chatean”, “todos lo ven” o “todos lo oyen” parecen irrenunciables en la vida de cualquier persona. Paradójicamente, el gran defensor de las libertades individuales ha conseguido conductas de consumo en masa.

Por otra parte, es conocido el esfuerzo del marxismo por lograr la igualdad a toda costa. Más allá de la original batalla por conseguirlo en la esfera material, distintas corrientes han intentado permearlo ahora por la vía cultural buscando estandarizar ideas.

En ambos extremos se intenta eliminar al otro; lo complementario se desprecia y, con mucha frecuencia, se intenta erradicar a través de mecanismos violentos.

Byung Chul Han, en La expulsión de lo distinto, diagnostica agudamente las tendencias igualitarias actuales, donde predomina un miedo a no ser igual, a quedar excluido, dándose el fenómeno del “terror de lo igual”. Se trata, según el filósofo coreano, de una especie de dictadura blanda, que aborrece lo distinto, elimina el principio de alteridad y genera nuevas violencias.

Por otra parte, Yuval Noah Harari, historiador y filósofo israelí, hablaba recientemente de la posible configuración de un régimen totalitario derivado del control de datos. La inteligencia artificial puede llegar a convertirse en una tecnología de dominación. El mundo poscovid, por ejemplo, tenderá a acumular más datos de las personas en aras de preservar la salud, con el peligro paralelo de la utilización de datos para efectos de control o de poder.

Una política con tintes totalitarios e igualitarios podría venir, entonces, por la vía del control de datos.

A pesar de encontrarnos en una sociedad libre, resulta que las decisiones no siempre se adoptan con libertad, sino que son moldeadas por fuerzas culturales, tecnológicas y políticas. Las posiciones ideológicas luchan por contar con bloques unitarios de pensamiento y las tecnologías potencian este fenómeno. Al mismo tiempo, si los sistemas de inteligencia artificial llegan a conocernos a profundidad, sabrán vendernos lo que quieran y lo compraremos, o inyectarnos semillas de pensamiento que germinarán fácilmente.

Parafraseando al profesor Harari, la humanidad es capaz de trabajar de modo colaborativo y un sorprendente ejemplo es la investigación científica. Sin embargo, este fenómeno no se ha logrado en la política ni en la dimensión social.

Hoy, más que nunca, es necesario que los avances tecnológicos contemplen dimensiones éticas y humanistas. Al mismo tiempo, es necesaria una cultura de la escucha, abierta a la libertad de expresión, pero, al mismo tiempo, con los límites propios de un diálogo respetuoso.

En los intentos igualitarios del mundo actual, donde los extremos intentan anular las posiciones distintas, es necesaria una nueva cultura que promueva el reencuentro amistoso, revalore la alteridad, priorice la solidaridad y fortalezca una cultura plenamente respetuosa de la dignidad humana.

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