Tiempos extra en el T-MEC

La contundencia con la que México ha derrotado a sus rivales en el Mundial contrasta con lo que ha ocurrido en la cancha de su relación comercial con Estados Unidos. El partido que jugamos con la principal economía del planeta se da en la renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). A diferencia del futbol, no debería ser un juego de suma cero donde la ganancia de uno es la pérdida del otro; en el comercio internacional, el éxito radica en que ambas partes obtengan beneficios a través de la eficiencia de las ventajas comparativas. Sin embargo, Donald Trump tiene una visión mercantilista anclada en un dividendo político que se origina en la base de votantes estadunidenses que se desencantaron con la globalización.

ÁRBITRO VENDIDO

La Gran Recesión de 2008-2009 fue el catalizador de la pérdida de legitimidad del liberalismo económico en Estados Unidos; generó terreno fértil para que Donald Trump creara su base política del Make America Great Again (MAGA). El gobierno de George W. Bush se enfrentó al problema de evitar que el sistema financiero colapsara, lo que implicó rescatar a las grandes instituciones financieras con dinero de los contribuyentes. Una vez instalado, el gobierno de Obama mantuvo los mecanismos para sanear el sistema financiero, pero no obligó a los altos ejecutivos que se beneficiaron a pagar las consecuencias. La conclusión de grandes sectores de la sociedad estadunidense es que el gobierno, que debería fungir como árbitro de los intereses de todos los grupos de la sociedad, estaba vendido a las élites. El descrédito de las élites, más allá de republicanos y demócratas, dio lugar al arribo de Donald Trump a la Casa Blanca. Por eso no importan los argumentos económicos del libre comercio: la discusión es política.

LO TÉCNICO

El mandato de Trump es político, sostenido por una ideología proteccionista y mercantilista transaccional. Por ello no importa que los economistas de todo el mundo, así como los negociadores comerciales, se desgañiten ofreciendo argumentos sobre el daño económico y de competitividad que se está autoinfligiendo Estados Unidos. No obstante, la revisión y negociación que ha tenido la Secretaría de Economía con la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) se articula en argumentos técnicos, pero responde a un fondo político. Dicho fondo quedó plasmado en la postura formal del USTR, que rechazó la renovación automática del T-MEC para discutir sus limitaciones, así como los déficits comerciales que tiene con México y Canadá. Frente al argumento económico hay dos respuestas. La primera es revisar y fortalecer la región de Norteamérica frente a China. La segunda es que el déficit comercial con México, que entre enero y abril alcanza 60 mil 110 millones de dólares, está estructurado con mucho contenido estadunidense que entra como bienes intermedios y regresa como producto final, mientras que en ese periodo el de Canadá disminuyó 44% y se ubica en 12 mil 345 millones de dólares.

TIEMPO ADICIONAL

Aunque el T-MEC se mantiene vigente y no estamos ante un escenario catastrófico, plantear que no pasa nada es equivocado. Al no tener una definición sobre las condiciones futuras de nuestra relación con Estados Unidos, la ralentización de la inversión en México continuará y, por lo tanto, el bajo crecimiento económico. Además, las condiciones actuales dejan vulnerable al exitoso sector automotriz mexicano, que hoy se encuentra bajo el efecto del arancel de 25% de la Sección 232 para el contenido no estadunidenses. Algo similar ocurre con el acero y el aluminio, gravados a 50 por ciento. Queda en el horizonte de 2028 la posibilidad de que el liderazgo de la Casa Blanca regrese a una lógica en la que estén armonizados los argumentos políticos y económicos, lo que podría verse propiciado por la debilidad política de Trump ante las elecciones intermedias de noviembre 2026. En términos mundialistas, el partido se va a tiempos extra y eso no ayuda a la venta de camisetas de la Selección Nacional.