Hay reconocimientos que pesan más cuando provienen de quienes no acostumbran otorgarlos. El 15 de enero de 2026, The New York Times, uno de los diarios de mayor influencia internacional, publicó un análisis que reconoce el fortalecimiento de la cooperación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. El mensaje es contundente: México ha logrado construir una relación eficaz con Washington sin renunciar a un solo centímetro de su soberanía. Ese reconocimiento cobra especial relevancia porque confirma lo que el gobierno mexicano ha sostenido desde el inicio: cooperación, sí; subordinación, jamás. La política exterior encabezada por la Presidenta ha privilegiado el respeto mutuo, la igualdad entre los Estados y la defensa irrestricta de la soberanía nacional, principios que hoy encuentran respaldo en resultados concretos.
La estrategia de seguridad coordinada por Omar García Harfuch, con el respaldo de la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina, la Guardia Nacional, la Fiscalía General de la República y los gobiernos estatales, ha privilegiado la inteligencia sobre la improvisación. Miles de integrantes de organizaciones criminales han sido detenidos; se han asegurado decenas de toneladas de drogas, millones de dosis de narcóticos, cientos de laboratorios clandestinos para la producción de metanfetaminas, miles de armas de fuego, vehículos, aeronaves, embarcaciones y recursos económicos vinculados con la delincuencia organizada. A ello se suma uno de los golpes más importantes contra el crimen organizado: la operación en la que perdió la vida Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, El Mencho. Diversos medios internacionales señalaron que el intercambio de inteligencia con Estados Unidos resultó determinante, pero la conducción, planeación y ejecución correspondieron plenamente al Estado mexicano. Esa es precisamente la cooperación entre naciones soberanas que hoy reconoce el New York Times.
Mientras tanto, la narrativa opositora que durante meses ha insistido en una supuesta persecución contra exfuncionarios mexicanos comienza a agotarse. Convertida en un refrito repetido sistemáticamente por determinados actores políticos y mediáticos, pierde credibilidad frente a hechos verificables. Hasta ahora, no se han presentado elementos institucionales concluyentes que respalden esa tesis; en cambio, las noticias nacionales e internacionales se concentran en los golpes al crimen organizado, la cooperación bilateral y la disminución de la violencia.
El respaldo ciudadano a la presidenta Claudia Sheinbaum explica buena parte de este momento político. Diversas mediciones la ubican entre los mandatarios con mayor aprobación del mundo, con niveles cercanos a 80 por ciento. Esa confianza se sostiene en resultados: estabilidad económica, fortalecimiento del peso mexicano, continuidad de los programas sociales, una estrategia de seguridad reconocida internacionalmente y un gobierno con capacidad para organizar con éxito acontecimientos de dimensión global.
El Mundial confirma esa fortaleza institucional. México ha desarrollado el torneo con eficiencia, orden y sin contratiempos relevantes, proyectando una imagen de estabilidad ante millones de personas en todo el planeta. Al mismo tiempo, el país ha demostrado plena madurez democrática: miles de aficionados han celebrado libremente a la Selección Mexicana, mientras diversos grupos sociales han ejercido su derecho a manifestarse con distintas agendas políticas y sociales, todo ello en un ambiente de paz, respeto a los derechos fundamentales y gobernabilidad. Cuando incluso un medio tan influyente como The New York Times reconoce la eficacia de la colaboración entre México y Estados Unidos, también reconoce la fortaleza del Estado mexicano. Hoy, México coopera desde la dignidad, no desde la dependencia; dialoga desde la igualdad, no desde la subordinación. Esa es la esencia del liderazgo de Claudia Sheinbaum: un gobierno que defiende la soberanía nacional con firmeza, fortalece la seguridad con inteligencia y demuestra, dentro y fuera del país, que el patriotismo también se acredita con resultados.
