Más tiempo para Irán

Esta semana, me gustaría comenzar con las siguientes preguntas: ¿Estamos ante un conflicto militar donde se han cambiado los roles? ¿El tiempo corre y no se están cumpliendo los objetivos que se marcó Estados Unidos dentro de Irán? ¿Observamos a un Donald Trump que se le están acabando las opciones, amenazas y los ultimatos? ¿Quién realmente está ganando? ¿Cuánto más tiempo durará el conflicto con Irán?

Pudiera pensarse que Estados Unidos controla la situación actual en Irán, pero al pasar las semanas, uno se da cuenta que es completamente lo opuesto. Algo no está bien. Estados Unidos está perdiendo la narrativa, el poder psicológico ante su enemigo y la fuerza con la que empezó su operación militar Furia Épica. Las comunicaciones desvarían y confunden. Es tanto hablar, repetir e intimidar, que se están descuidando los objetivos por los que se empezó el conflicto con Teherán. No se sabe si todavía son los mismos objetivos iniciales o si al pasar los días, ya es algo completamente distinto. A mí, al menos, ya no me queda claro qué pretende Estados Unidos con su guerra.

Cada vez, se vuelve más complicado sentar a Irán en la mesa de negociaciones. Cada vez, podemos visualizar a un Irán más radical y con menos miedo a lo que exige Estados Unidos. ¿Lo ha notado, usted? Es como si tuviera realmente las cartas. Tal vez, todavía las tiene. Es como si pudiera estar al tú por tú sin importarle una gran repercusión o respuesta por parte del país invasor. Es como si tuviera una estrategia específica que hace dejar en ridículo a la actual administración estadunidense. Ahora, es el tiempo del régimen de Teherán. Es su momento. Se nota. Lo luce con sus declaraciones. Sabe que tiene dos armas muy poderosas con las que impone una presión mundial: el estrecho de Ormuz y crear caos en todo Oriente Medio. 

Ambas armas fueron minimizadas antes de que Estados Unidos atacara y comenzara su conflicto, pero el tiempo ha dado la razón de lo que era capaz Irán de hacer para defenderse. Lo ha hecho bien. Ha sorprendido.

Además, ha sabido jugar con las más recientes declaraciones del presidente Donald Trump. Es un juego de manipulaciones y de desmentir todo comentario sobre un posible acuerdo o planeadas negociaciones en Pakistán. Es como un ping pong entre Washington y Teherán, en el cual, nosotros los espectadores vemos el show tan desgastante que está resultando ser este conflicto militar. No se ha llegado a nada ni parece que llegue en los próximos días. Los ánimos para negociar están por los suelos, aunque se extiendan los altos al fuego. No hay como tal una garantía de acuerdo. Una parte no cederá a lo que pide la otra parte.

Ante esto, hay que ser sinceros: la política fanfarrona se mezcla con una diplomacia agresiva, con intereses que van más allá de quitar a un régimen, con un absurdo manoseo en los mercados internacionales y las principales acciones de las bolsas del mundo. Las amenazas que daban miedo o hacían dejar a los enemigos implorando por paz se convirtieron en mentiras, blofeo y confusiones. Son tres extensiones de armisticio y casi ocho semanas de conflicto.

Trump busca negociar con un gobierno iraní que está mezclado entre la vieja estructura y la cúpula militar de la IRGC. Todo se complicó. Hablar de más nunca sirvió de nada. Se le dio oxígeno a Teherán. Ahora, sólo queda esperar la nueva jugada maestra o la nueva mentira del hombre que ha terminado ocho o nueve guerras.

Ya, veremos.