250 años de la independencia de Estados Unidos

Hace dos siglos y medio, fue dado a conocer al mundo uno de los tres documentos fundacionales de Estados Unidos —y uno de los más influyentes en la historia de la humanidad—; que contribuyeron de forma trascendente al cambio del Derecho moderno. 

Se dice que la Declaración de Independencia fue redactada por Thomas Jefferson en 17 días; y luego firmada por el Congreso, el 4 de julio de 1776. Por ello, cada año celebra su independencia de la Gran Bretaña.  

Las ideas que dieron contenido a la Declaración se convirtieron en los pilares de la democracia occidental, al sostener —como verdades indubitables— que todos los hombres son creados iguales y que están dotados de derechos inherentes, como la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

En 1787 se firmaría otro documento fundacional: la Constitución de EU, que ha dado trascendencia al país y creado un modelo de estabilidad y de resiliencia institucional. Para el resto del mundo contemporáneo, sería el origen del Constitucionalismo.

A lo largo de la historia de su Constitución sólo ha tenido 27 enmiendas. Las primeras diez constituyen su famosa Carta de Derechos —Bill of Rigths—, conformando su tercer documento fundacional, que hasta hoy sigue siendo un blindaje contra los abusos del poder público.

La esencia que idearon los Padres Fundadores fue la conformación de un estricto modelo de “pesos y contrapesos” —checks and balances— que por mucho tiempo hizo ver a EU como un ejemplo de democracia para el mundo occidental, un auténtico sistema de división de Poderes.

Sin embargo, esta imagen se ha venido deteriorando, pues a últimas fechas la democracia norteamericana ha sufrido un desgaste sin precedentes. 

La polarización social deliberada, la discriminación, la falta de respeto a los derechos humanos de los migrantes, el cuestionamiento sistemático a quienes disienten del gobierno, así como, la captura de la Corte Suprema de Justicia, han debilitado el esquema de libertades y el equilibrio entre poderes que algún día caracterizó a ese sistema político.

Y eso sin referirnos al papel que Estados Unidos ha venido jugando en materia internacional, rompiendo pactos con gobiernos aliados, provocando y justificando guerras, así como golpes de estado en el mundo, con el pretexto de ayudar a la población de cada país en el que ha intervenido. Viendo la paja en el ojo ajeno, los ha hecho olvidarse por completo de la viga que descansa en el propio.

La erosión interna de su democracia contrasta con la proyección internacional que pretenden imponer; porque su realidad interior exhibe contradicciones inmensas que demuestran que pasan por una grave crisis humanitaria. 

La sistemática discriminación racial en su sistema policial y penitenciario, las crueles políticas migratorias, acompañadas de una política exterior basada en la amenaza, no hacen sino evidenciar el abismo que existe entre el discurso hacia el exterior y la realidad interna.  

A lo largo de estos 250 años de vida independiente, Estados Unidos se ha convertido en el país más poderoso del orbe. En esta fecha tan significativa, es pertinente para reflexionar si se están cumpliendo los ideales de Washington, Jefferson, Franklin, Adams, Hamilton, Madison y Jay, en referencia a que todas las personas —sin distinción— poseen derechos inalienables que ningún gobierno les puede arrebatar. 

Y que ningún gobernante, ley ordinaria o mayoría transitoria puede estar por encima de la Constitución.

Como Corolario, las palabras de James Madison: “La igualdad de derechos es el gran principio republicano”.