“Si ustedes se pasan, ya saben lo que sucede”

Usted es el Presidente de México, de todos los mexicanos, no sólo de los que votaron por usted; quiero para México lo mejor y coincido con muchas propuestas que usted ventiló en su campaña y repite una y otra vez: que se acabe la corrupción, que se acabe la impunidad, que prevalezca la ley y la justicia, que a todos los mexicanos nos vaya mejor en lo personal, lo económico y, sobre todo, en lo emocional

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Señor Presidente: espero que estos tres días en que dejó de estar presente en Palacio Nacional le sirvan para reflexionar con calma lo que ocurre en el país; como ciudadano libre, escribo lo que pienso después de analizar lo que veo, lo que oigo y las acciones que su gobierno ha emprendido desde el momento en que fue electo Presidente.

Usted es el Presidente de México, de todos los mexicanos, no sólo de los que votaron por usted; quiero para México lo mejor y coincido con muchas propuestas que usted ventiló en su campaña y repite una y otra vez: que se acabe la corrupción, que se acabe la impunidad, que prevalezca la ley y la justicia, que a todos los mexicanos nos vaya mejor en lo personal, lo económico y, sobre todo, en lo emocional.

Con mis amigos he comentado que, a pesar de que lo conocemos y hemos padecido muchas de sus actitudes antidemocráticas, como el infausto bloqueo del Paseo de la Reforma en 2006, cuando se negó a aceptar que había perdido, ahora que fue electo Presidente debemos colaborar para que a México le vaya bien y que usted, como primer mandatario, cumpla lo que se propuso; muchos amigos no piensan así y consideran que usted no tiene remedio, y que seguirá siendo el político violento y taimado que busca “pleito” con todos los que no piensan como usted.

Y por eso escribo, señor Presidente, porque la libertad de prensa es una de las más importantes libertades en cualquier democracia y, sin ella, un régimen se convierte en dictadura, como lo hemos visto en donde se violan las garantías de los ciudadanos, usted las conoce: Cuba, Nicaragua, Venezuela y, en su tiempo, Chile, Perú, Brasil, Argentina y muchos más.

En estas semanas señalé que la señora Secretaria de Gobernación tenía razón al solicitar respeto por ambos lados, y que su exclamación de estar “hasta el copete” era muestra de la rijosidad con la que actúa cada mañana allá en Palacio Nacional.

Pero esa rijosidad tuvo un punto máximo cuando un periodista de talla internacional, con datos y cifras precisas, le hizo ver los errores que sus colaboradores le habían dado y, en una lamentable escena, con su silencio reconoció que Jorge Ramos tenía razón.

Y lo que ocurrió después es muy triste, porque junto con la lluvia de agresiones en las redes sociales que llegaron al señor Ramos, usted exigió que quienes señalamos lo que ocurre cada día, “no nos pasemos”, ¿no nos pasemos de qué?, ¿de decir la verdad?, ¿de aclarar los puntos oscuros de su discurso?; y luego dijo, “si se pasan, ya saben lo que sucede”.

¿Es ésta una amenaza?, ¿es ésta la señal presidencial para que quienes hablamos y escribimos libremente seamos acosados, insultados, heridos o muertos?; sus palabras son importantes, por casi seis meses hemos escuchado su monólogo matinal, y si usted espera que sus seguidores ofendan, agredan o lesionen a quienes escribimos con conciencia y con verdad, ésta puede ser la orden de salida para algo muy grave.

Si estuviéramos en Venezuela, sabríamos lo que sucedería, porque seríamos apresados, torturados o muertos, pero estamos en México, país de libertades, en donde desde siempre se ha honrado la palabra; tenemos como ejemplo único la gesta de Belisario Domínguez y su discurso contra Victoriano Huerta; él no “se pasó”, dijo la verdad, pero fue asesinado el 7 de octubre de 1913; lo mismo ocurrió con el Excélsior de Julio Scherer, que tampoco se había “pasado” en sus críticas a Luis Echeverría, pero el 8 de julio de 1976 fue destituido, poniendo en su lugar a un lacayo del Presidente; y lo mismo ocurre con decenas de reporteros que pierden la vida indagando la verdad; ellos no “se pasaron”, buscaban la verdad, pero ahora están muertos.

Y en estos días, señor Presidente, los expertos legislativos y constitucionalistas consideran que usted “se pasó” al emitir un memorándum que viola de manera flagrante nuestra Constitución; usted ofreció el 1 de diciembre “cumplir y hacer cumplir las leyes”; ¿se pasó?, ¿vamos hacia una dictadura?

Seguiremos escribiendo malgré tout, y espero que estos días de descanso sean para usted días de reflexión.

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