La reversa también es cambio

Para quien ama el oficio periodístico, tomar vacaciones –por más necesario que sea desde el punto de vista del descanso, la reflexión, la lectura, el aprendizaje y la convivencia familiar– genera la ansiedad de perderse algún acontecimiento fundamental para el ...

Pascal Beltrán del Río

Pascal Beltrán del Río

Bitácora del director

Para quien ama el oficio periodístico, tomar vacaciones –por más necesario que sea desde el punto de vista del descanso, la reflexión, la lectura, el aprendizaje y la convivencia familiar– genera la ansiedad de perderse algún acontecimiento fundamental para el interés público.

Puedo decirle que esta ocasión, desde la última entrega de esta Bitácora, poco o nada ocurrió en México en ese sentido. Lo digo con alivio, pero también con pesadumbre, porque nuestro país está atorado en la grilla política y la nota roja mientras el mundo pasa frente a nosotros a toda velocidad.

Desarrollos tecnológicos como la inteligencia artificial y los combustibles alternativos están incidiendo rápida y profundamente en las relaciones de producción y la convivencia social. Me temo que cuando, por necesidad, salgamos del marasmo social que producen las elecciones permanentes y la violencia criminal, nos costará mucho trabajo ponernos al día.

Poco debemos esperar de lo que suceda en los próximos 14 meses para que el país se ponga a tono con la trasformación global. El gobierno federal seguramente pasará ese lapso –el último del sexenio– en la justificación de sus malos resultados en materias como salud, educación y seguridad. Pero, ¿qué se podía esperar de una gestión que se ha basado casi exclusivamente en buscar dominar el relato de los hechos mediante una conferencia diaria? De lo que se ha tratado es de ganar la discusión pública, no de mover a la sociedad para propiciar su mejoramiento. El tema de la distribución de medicinas es un claro ejemplo. A estas alturas, resulta obvio que el gobierno se equivocó al cambiar por cambiar el sistema existente.

Jorge Everardo Vivanco Topete, quien entre 1982 y 1986 participó en la construcción de dicho sistema, escribió una reseña en la que destacó los logros de la colaboración entre el IMSS, la Secretaría de Salud, el Consejo de Salubridad General, el ISSSTE y la entonces Secretaría de Comercio.

Lo cito: creación de cuadros básicos de medicamentos, material de curación, reactivos de laboratorios y alimentos; compras consolidadas del sector salud a través de licitaciones públicas; un sistema de control de calidad de insumos; un programa de fomento a la producción de bienes médicos, sales básicas para medicamentos, material de curación, material quirúrgico y reactivos de laboratorio, y un sistema nacional de logística para la recepción y distribución de esos bienes a las más de 5 mil unidades médicas del sector salud.

En menos de cuatro años, relata Vivanco Topete, el sistema estaba operando con cuadros básicos homologados para todo el sector; un sistema de almacenes y farmacias suficiente para almacenar, distribuir y surtir las necesidades de los derechohabientes; un sistema de control de calidad comparable al de la FDA estadunidense; una adquisición centralizada, que aprovechó la compra de Estado en aras de precios preferentes, y un impulso a la industria de insumos médicos que permitió iniciar compras con hasta 36 meses de anticipación.

“Todo lo anterior se logró –dice– mediante un grupo interdisciplinario de expertos de todas las instituciones. Yo participé en ese grupo y ahora soy testigo de la destrucción de todo este sistema. Se inició con el ataque a la proveeduría, acusándola de estar vendiendo cantidades millonarias al sector salud. Se vetó a los principales proveedores y después se despojó a los expertos de la compra de insumos, transfiriendo esa responsabilidad ¡a la Oficialía Mayor de la SHCP!, y terminaron pidiendo ayuda ¡a la ONU! ¿Qué podría salir mal?”

Remata: “Leí en los medios que ya tienen la solución al problema: construir una gran farmacia con todos los medicamentos del mundo. El chiste se cuenta solo. Imagino los hangares del AIFA llenos de medicamentos chinos e indios, cientos de militares traduciendo las etiquetas y una larga fila de personas, que llega hasta Pachuca, esperando conseguir la medicina para su enfermo. Sólo Abel Quezada podría ilustrar esa escena”. Cambiar por cambiar ha costado vidas, ha significado la dilapidación de recursos públicos y obligado a millones de mexicanos a usar su propio pecunio, a menudo escaso, para financiar sus tratamientos. La reversa también es cambio.

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