El viacrucis de Virginia

Para alivio del gobierno federal, al que no le gusta que se hable de los más de 50 mil desaparecidos que se han acumulado este sexenio, la lista de personas ausentes cuenta con un caso menos. Sin embargo, no se trata de una aparición que pueda presumir. Luego de un largo ...

Para alivio del gobierno federal, al que no le gusta que se hable de los más de 50 mil desaparecidos que se han acumulado este sexenio, la lista de personas ausentes cuenta con un caso menos. Sin embargo, no se trata de una aparición que pueda presumir. Luego de un largo peregrinar por basureros y otros sitios, Virginia de la Cruz por fin dio con el cuerpo de su hijo José Alejandro.

Éste tenía ocho meses en el Servicio Médico Forense (Semefo) de Zacatecas, lugar que su madre había visitado en diferentes ocasiones, hasta que la semana pasada le admitieron que allí lo tenían. La historia de Virginia, que se conoció por una denuncia pública que ella presentó desde la galería del Congreso del estado, representa una nueva vertiente en la tragedia de las familias que buscan a sus seres queridos: que sus restos pueden encontrarse entre los cadáveres que se acumulan en los anfiteatros públicos o en las fosas comunes.

Ayer, en entrevista con Imagen Radio, la madre buscadora urgió a todos aquellos que rastrean el paradero de algún familiar, que acudan ante las autoridades encargadas de levantar, resguardar y disponer de cuerpos no reclamados, y les exijan que les muestren todos y cada uno de ellos, “porque si yo así encontré a mi hijo, capaz que ustedes también encuentren a quien están buscando”.

Desde el 22 de noviembre pasado, cuando no llegó a su casa luego de salir del taller de herrería y carpintería donde laboraba, el joven de 21 años de edad estaba en calidad de desaparecido. Su madre recorrió muchas veces la ruta que había tenido que tomar Alex para volver a su hogar, en el fraccionamiento Jardines de Sauceda, en el municipio de Guadalupe, conurbado de la capital estatal. Calle por calle pidió información a los vecinos. Algunos reconocían al joven, sabían dónde trabajaba, pero no pudieron aportar datos sobre su paradero.

Se apersonó varias veces en el Semefo y siempre le negaban que el cuerpo estuviera ahí. La semana pasada, Virginia pidió a su hija –cuyo marido está desaparecido desde hace dos años– que la acompañara de nuevo al lugar.

A pesar de que llegaron a la 1 de la tarde, en horario laboral, las puertas de las oficinas estaban cerradas. Después de tocar, les abrieron, y lo primero que vieron fue una suerte de convivio del personal. Una de las empleadas estaba sentada en las piernas de uno de sus compañeros.

De forma displicente, le volvieron a pedir sus datos y los de Alejandro. Pasados unos minutos, le dijeron que sí, que ahí estaba el cuerpo. Ya enterrado su hijo, Virginia irrumpió en la sede del Congreso estatal e hizo público el relato desgarrador. Hoy no quiere otra cosa que justicia: que el Semefo rinda cuentas y que todo el personal sea reemplazado, “porque no sirve para nada”.

El fin de semana, las autoridades zacatecanas dieron a conocer que dos funcionarios habían sido destituidos. Sus nombres no se dieron a conocer, “para no entorpecer las investigaciones”. Virginia no sabría la suerte de su hijo –quien al parecer fue asesinado el 29 de noviembre, luego de ser secuestrado– si no ha insistido en pedir informes. Y el país no se habría enterado de este terrible desenlace si ella misma no lo hace público. “Pasé noches en vela pensando en mi hijo, que dónde estaría, si tendría qué comer… Y todo este tiempo estuvo en el Semefo. ¡No se vale!”, me dijo.

Efectivamente, no se vale. Es un signo de una autoridad que no sirve a los gobernados. Porque no sólo no se hace cargo de buscar a los desaparecidos y procurar castigo para los responsables, sino que no tiene el más mínimo interés en evitar el sufrimiento, cosa que podría hacer mediante una labor básica: la integración de una base de datos funcional.

¡Cuánta desfachatez, cuánta perversión!

Buscapiés

Si el fortalecimiento de las aspiraciones de Donald Trump para volver a la Casa Blanca, con el atentado que sufrió el sábado pasado, ya representaba un reto para la próxima administración federal mexicana, más aún lo es por el compañero de fórmula que escogió el expresidente: el senador JD Vance, cuyas posturas antiinmigrantes son tan duras o más que las de Trump.

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