En un comunicado que hizo público el 20 de octubre de 2024, la Fiscalía General de la República, entonces a cargo de Alejandro Gertz Manero, dio cuenta de sus investigaciones sobre los hechos del 25 de julio anterior, cuando fue sometido y subido a un avión el narcotraficante Ismael El Mayo Zambada y asesinado el político sinaloense Héctor Melesio Cuén.
Ambos habían sido citados con engaños en la finca Huertos del Pedregal, al noroeste de Culiacán, donde supuestamente se llevaría a cabo una reunión para mediar en un conflicto público entre Cuén, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, y el gobernador del estado, Rubén Rocha Moya. El propósito real, hoy se sabe, era secuestrar a Zambada, quien sería entregado en Estados Unidos por Joaquín Guzmán López, hijo de Joaquín El Chapo Guzmán.
Cuén fue asesinado ese mismo día. En un primer momento, la Fiscalía General de Justicia de Sinaloa dijo que el homicidio había ocurrido en una gasolinería, pero, días después, mediante una carta, Zambada reveló que, en realidad, había sido en el mismo lugar en el que él había sido secuestrado. A partir de ese momento se presumió que el video que se había hecho público, y que mostraba un supuesto asalto en el que la víctima había sido asesinada por un asaltante, no era sino parte de un montaje.
Mediante pruebas periciales, la FGR confirmó el dicho de Zambada. Además, identificó que las huellas de sangre halladas en la camioneta que se usó para armar la chapuza correspondían a Rodolfo Chaidez, integrante del equipo de seguridad de Zambada, quien está desaparecido desde aquel día. En cambio, agregó la FGR, “en la finca Huertos del Pedregal fueron hallados indicios hemáticos” que correspondían a Cuén. Eso, continuó, “ratifica la información previamente obtenida, de que en el lugar del secuestro se encontraba dicha persona y que sus huellas de sangre corresponden al tiempo en el que el Ministerio Público de la Federación tiene establecido el momento de su homicidio, el cual ocurrió muchas horas antes del video de una gasolinería difundido localmente, el cual ya ha sido descalificado”.
Una de las fuentes que citó la FGR como parte de su investigación sobre los hechos fue el “chofer” de Héctor Melesio Cuén, quien, hoy se sabe, era su cercano colaborador Fausto Corrales Rodríguez, quien, efectivamente, lo acompañó a Huertos del Pedregal, y, por alguna razón, nada clara, no sufrió la misma suerte que su jefe.
“Todo lo anterior ratifica las investigaciones ministeriales y policiacas que determinaron las presuntas responsabilidades penales y administrativas de policías, ministerios públicos, peritos y personal diverso de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa (…) respecto a su participación en el caso de la muerte de Héctor ‘N’”, informó la FGR en aquel comunicado.
A pesar de todo ello, la dependencia, ya bajo el mando de Ernestina Godoy, al reactivar la investigación por los hechos del 25 de julio de 2024, no ha detenido hasta ahora a ningún funcionario de la Fiscalía sinaloense y ha cargado la responsabilidad del montaje del asesinato de Cuén exclusivamente en Corrales, quien desde el miércoles 19 se encuentra en el penal de máxima seguridad de El Altiplano.
Por si fuera poco, la detención de Corrales —quien ayer fue vinculado a proceso— podría tener que ver con que éste testificó ante autoridades estadunidenses sobre lo sucedido. De acuerdo con el reportero Abel Barajas, del diario Reforma, Gustavo Cuén Ojeda, hermano de Héctor Melesio, declaró ante la FGR, cuatro días antes de que Corrales fuera aprehendido, que escuchó una conversación a bordo de un vuelo, en la que quien fuera secretario particular de Cuén dijo a otro pasajero que Fausto “ya arregló las cosas en Estados Unidos”.
Todo apuntaría, pues, a que el nuevo rumbo de la investigación penal en Sinaloa no es aclarar los sucesos en Huertos del Pedregal, ni determinar la responsabilidad que tuvo el gobernador con licencia Rocha Moya en la convocatoria de la reunión a la que asistieron Zambada y Cuén, sino contener la información que pueda dañar al movimiento que gobierna el país y a algunas de sus figuras. Lo mismo que, al parecer, sucede en el caso del huachicol.
