Tramas de diván VI. El perspecticidio
Vivimos en el tiempo de las preferencias y las diferencias, de los grupos no tanto reivindicativos, sino exclusivos y excluyentes, que no se basan en el respeto, sino en la imposición y la segregación
Para manipular eficazmente a la gente, es necesario
hacer creer a todos que nadie les manipula.
John Kenneth Galbraith
Evan Stark, en 2007, describió el control coercitivo como una forma estratégica de abuso psicológico y emocional continuo que se basa en el dominio, la manipulación y la opresión. Fue en el marco de esta teoría donde se mencionó por primera vez el término perspecticidio.
El perspecticidio se trata de una técnica de manipulación extrema de rasgos patológicos en la que el manipulador pretende conseguir la pérdida de identidad total en la víctima, no dejándola pensar ni decidir por sí misma, alterando su percepción de la realidad, nulificando sus opiniones, su actuar y su sentir, invalidándola como persona y haciéndola cada vez más dependiente del agente manipulador y su visión del mundo. La técnica inicia sutilmente y va incrementando su intensidad a través de la presión psicológica, social y emocional, hasta conseguir finalmente generar una especie de prisión mental en su víctima, quien sólo en un esperado punto de inflexión, logrará concientizar su pérdida identitaria y tomar medidas pertinentes que puedan rehabilitarla.
Esto va más allá de los celos, del narcisismo o de un líder neófito, el perspecticidio es el servilismo más atroz y puede darse en cualquier relación, y se diferencia de cualquier otra técnica de manipulación en la capacidad que se tiene de influenciar y condicionar la forma de actuar de la otra persona, sin que ésta se dé cuenta ni sea consciente de lo que sucede. En la actualidad, es común este tipo de prácticas de manera social y privada, sin medir las consecuencias de los daños y deslindado responsabilidades, argumentando la libre elección. Es interesante que esa misma libertad es la que se busca modificar, controlar y someter. La realidad es diametralmente opuesta: se explota la necesidad del otro más vulnerable y se maneja hábilmente la realidad discursiva.
Sin embargo, de esa realidad discursiva, se editan los daños reales, la planeación de la estrategia, la activación de las técnicas y la depredadora insistencia; así como el daño emocional… y todos los rasgos de violencia verbal que pueden dejar a cualquiera inutilizado y vulnerable psicológicamente. El perspecticidio es la culminación del bullying, del love bombing, de los goshting intermitentes, del lifestyle, del culto a la belleza o a la violencia, del éxito sin trabajar, de las leyes del mínimo esfuerzo, del todo fast, o del slow mood, o de las ideologías dependientes… Vivimos en el tiempo de las preferencias y las diferencias, de los grupos no tanto reivindicativos, sino exclusivos y excluyentes, que no se basan en el respeto, sino en la imposición y la segregación. No sorprende la manipulación y a nadie le sorprende tampoco el perspecticidio.
No sorprende hasta que uno pierde en sí mismo lo mejor que tiene, que es su esencia, su ser auténtico y genuino; hasta dejarse de ver a uno mismo en el afán de ver una mala copia del otro, que aun con buen desempeño no dejará de ser siempre inconclusa y miserable. No podemos perder los principios y los valores que nos hacen humanos para suplantarlos por otros meramente aspiracionales, materiales y perennes. No podemos perder lo que nos hace ser nosotros mismos: nuestra propia perspectiva.
Vivir así resulta un desacierto a tan grande y bella oportunidad. Apelo a la consciencia y apelo también al criterio y al sentido común, al razonamiento lógico, reflexivo y crítico que nos permita mantener un blindaje mental a todo aquello que ataque nuestra individualidad y nos coloque como alfiles en el tablero de alguien más. Mejor aproveche ese sentimiento de incomodidad y contraste lo que se le hace creer con la realidad objetiva y la evidencia observable, se dará cuenta que no necesita que nadie piense ni elija por usted. Todos estamos diseñados para pensar, sentir y elegir lo que mejor conviene a nuestra vida y hacernos responsables por ello. Es su vida y merece ser vivida desde su propia perspectiva. Como siempre, usted elige. ¡Felices tramas, felices vidas!
