Cuatro verdades para México
Para la del cumpleaños Abrumado, abatido, asediado, atropellado, harto de seis meses de absurdos que condicionaron tu decisión de guardar silencio, porque no más te merecía tu tristísimo México repleto de mercachifles, merolicos sonsoneteando el futuro de por sí ...
Para la del cumpleaños
Abrumado, abatido, asediado, atropellado, harto de seis meses de absurdos que condicionaron tu decisión de guardar silencio, porque no más te merecía tu tristísimo México repleto de mercachifles, merolicos sonsoneteando el futuro de por sí más que agotado. A tres días del show promovido como “la voluntad popular” es posible, demócratas como somos, quebrar ese silencio, aunque de antemano sepas que lo que se escriba no hace sino escindir lo que ya estaba roto. Y van cuatro verdades, para lamentarnos de aquí en adelante:
Primera. La frustración, se dice, es hija de las expectativas. Del tamaño de lo que pretendías que pasara será tu coraje porque no haya ocurrido. Conste, las expectativas suelen carecer de fundamento sin que eso impida que se les dé por verdades axiomáticas. Cientos, miles de ejemplos para 180 días: que no suba la gasolina; ¿por qué?, ¿para qué?, está de más cualquier razonamiento ante la inercia brutal con la que suele avanzar la tontería. Que no roben los gobernantes, que cesen las muertes violentas, que exista justicia. La frustración de cada quién se convierte en enojo, y a votar enojados, aunque sea sólo porque tenemos el sagrado derecho a estarlo. Sin más análisis, por vía del coraje de cada uno, elegiremos en nombre de mitigarlo y juraremos que de algo así va a surgir un buen gobierno.
Segunda. Todo esto que ostentamos como democracia no ha sido sino un inmundo mercado que no vende más que revanchas. El negocio del desquite, regenteado por un instituto político y ejercido por los partidos, ambición desmedida que no halla el límite de la sensatez, la honorabilidad y la verdad. Miles de candidatos sin más finalidad que la coima, pues no puede haber un solo mexicano inteligente que no entienda que hoy nuestro México no se puede gobernar. Ya le ofrendamos todo lo que teníamos a doña democracia; nos quedaban los partidos. ¡Ni para eso hubo pudor! De tantos, ninguno habrá de llegar al 2 de julio. A la basura las ideologías porque estorban para acceder al poder.
Tercera. La democracia, dueña de voluntades, principios y propósitos, ha explotado siempre a una hija putativa,
la justicia. Cenicienta, mugrosa, atropellada y violada, de repente debe brotar convertida en princesita política.
La magia de los políticos nos la oferta “producida”, caracterizada y lista para el baile. “Conmigo va a haber justicia”,
a bailar con ella antes de las doce, porque a esa hora le toca, mugrienta de nuevo, apergollada, abandonar el baile de ministros, magistrados, jueces, comisionados y tantos otros invitados a un grotesco baile de disfraces. No hay más justicia en México que la que se pueda prometer para hacerse del voto.
Cuarta. Más de uno nos juzgará, a mí, como nihilistas químicamente puros, pesimistas incapaces de gozar el cambio que viene, aunque no tenga sentido. Yo estoy seguro, tanto como lo hemos estado los que procuramos mantenernos en silencio en medio de tantos supuestos revanchistas, de que lo que hayamos entendido por democracia fracasó, salió mal. Sus secuelas deben brotar a partir del 2 de julio. Vale la pena aceptar que tiramos 20 años a la basura si eso sirve para vivirnos optimistas por lo que viene. Seis meses con todo lo que nos trajeron, pero que deben servirnos para entender que la ciudadanía no es así. El futuro nos ofrece el espacio para un ejercicio ciudadano que haga ver a los políticos que las cosas no terminan con las elecciones. De ahí partimos, que venga el reclamo nacional.
