Parlamento Europeo, colonialismo democrático
El texto aprobado por el pleno el pasado 10 de marzo estigmatiza al Presidente y gobierno de México. ommoluptibus simostia et quis quid
Por Fadlala Akabani
Como toda institución internacional, cuyo origen es posterior al orden que dejó la Segunda Guerra Mundial, sería ingenuo asumir que el Parlamento Europeo se trata solamente de un órgano deliberativo y legislativo cuya jurisdicción esté circunscrita exclusivamente al territorio de los países que conforman la Unión Europea; se trata, en cambio, de una institución cuyo objetivo político es el de perpetuar ese orden político y económico, en el que la alianza entre Estados Unidos y Europa se erige con la hegemonía geopolítica global.
Surgido en 1979 como un subproducto de la Comunidad Económica Europea, creada durante la posguerra, en 1957, y que antecede a la comunidad de estados que actualmente conforman la Unión Europea, siendo la única de sus entidades cuya asignación es por sufragio directo. Si bien cada uno de los escaños que componen a este Poder Legislativo representan a la ciudadanía europea, resultan hechos interesantes los siguientes:
No es el órgano parlamentario más grande del mundo, pues, pese a aglutinar a 27 naciones y 375 millones de votantes (1999), es superado, tanto en el número de curules como en el de representados, por el Parlamento de la India —Sansad—, con sus 802 escaños y 900 millones de electores.
Pese a ser nominal y jerárquicamente la primera institución de la Unión Europea —que a su vez se autoconcibe como modelo de democracia mundial—, la participación popular en las elecciones para los también conocidos como eurodiputados no hizo sino descender a lo largo de 15 años, desde el lejano año de 1999 en que alcanzaron su máximo registro (375 millones de sufragios) hacia 2004, donde la participación fue del 45.4%; 2009, con el 42.9%, y 2014 con el 42.6%, de acuerdo con la propia data del Parlamento Europeo.
Pese a que en la discusión las naciones europeas reconocen el daño que las medidas, como la aplicación de sanciones económicas de Estados Unidos a Cuba infligen al desarrollo de la economía en la isla, y de votar ante el mundo en contra de ellas; al interior del también conocido como Europarlamento el sentido de sus resoluciones respecto a países como Cuba o Venezuela —por citar ejemplos latinoamericanos— suele tener un tono colonial y condescendiente, que resulta anacrónico. Parecen a veces olvidar que en Venezuela fue proclamada la independencia desde 1810, dando origen a su primer periodo republicano, o que Cuba consiguió emanciparse del decadente Imperio Español en 1898 y obtuvo su independencia definitiva en 1902, al librarse del dominio norteamericano. Pero, es que realmente no lo olvidan, lo tienen tan claro que por eso se pronuncian en favor del saqueo neocolonial que las empresas de sus países realizan en nuestra América, la América Latina. No debería entonces sorprender a nadie, ni el tono, es decir, la forma, ni el contenido, el fondo, de la resolución del Parlamento Europeo respecto al gobierno de México, encabezado por el presidente López Obrador.
El texto aprobado por el pleno el pasado 10 de marzo estigmatiza al Presidente y gobierno de México, califica la legítima crítica del oficialismo en algunos periodistas en particular como un ataque en contra del ejercicio periodístico en general, de manera tramposa; pervierte y hace lucir a la distancia —mucho más fácil— el penoso tema de violencia en contra de periodistas y defensores de derechos humanos en algunos estados del país como un efecto del discurso y las resoluciones emitidas desde Palacio Nacional. Con el más absoluto de los descaros y valiéndose de la ignorancia imperante en las autodenominadas democracias occidentales europeas, se atreve a señalar a la administración de AMLO como peligrosa para la democracia y en posibilidad de comprometer el Estado de derecho y la seguridad jurídica. Y, claro, se necesitan bastantes eufemismos para esconder la vulgar defensa de privilegios para el mejor funcionamiento de México como una tierra a conquistar y de la cual obtener recursos naturales y económicos.
Es entonces cuando resulta comprensible la contundencia de la respuesta del gobierno de México, redactada por el propio presidente López Obrador, al Parlamento Europeo, pues si bien su contenido definitivamente rompe el molde respecto al canon diplomático, no plantea mentira alguna o agresión alguna. Mucho se criticó el tono del comunicado oficial en medios, la comentocracia se desgarró las vestiduras en sus cada vez más infumables columnas de opinión e incluso el partido conservador tuvo el desatino de enviar una disculpa oficial; tan oficial como lo puede ser el de detentar la representación política en auténticos estados fallidos inundados por la violencia, como Tamaulipas y Guanajuato.
Ante la cada vez más compleja situación global, dado el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania, la diatriba colonialista del Parlamento Europeo en contra de nuestro gobierno y de nuestro Presidente debe ser entendida como tal, el anacrónico berrinche de un montón de conservadores con mentalidad imperial respecto a la soberanía de un territorio rico en recursos.
En este contexto, la condena de un órgano legislativo que ante la guerra en su territorio predica paz y democracia, pero, en los hechos, contribuye con armas al incremento del conflicto debe ser asumida como un timbre de orgullo para los mexicanos, pues vivimos tiempos extraordinarios que nos demandan acciones extraordinarias. Todo mi respaldo al presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al gobierno de México y a nuestro movimiento político, la Cuarta Transformación.
