El factor tiempo en la confianza electoral
Por Jaime Rivera Velázquez* En México hemos logrado tener elecciones periódicas, libres, bastante bien organizadas y con altos niveles de certeza. El eslabón que aún padece debilidades es el de la aceptación de los resultados. Cuando los perdedores ponen en duda o ...
Por Jaime Rivera Velázquez*
En México hemos logrado tener elecciones periódicas, libres, bastante bien organizadas y con altos niveles de certeza. El eslabón que aún padece debilidades es el de la aceptación de los resultados. Cuando los perdedores ponen en duda o de plano descalifican las votaciones, no solamente afectan a una elección en particular, influyen para que sus seguidores y amplias capas de ciudadanos desconfíen de los comicios siguientes.
En aras de combatir la desconfianza, a lo largo de varias décadas se han diseñado reglas y procedimientos sumamente rigurosos para evitar fraudes. La ley regula minuciosamente cada paso; las acciones de las autoridades electorales están muy acotadas; cada decisión se toma en forma colegiada, a la vista de los partidos; su ejecución es vigilada por diversas instancias de consejeros y partidos; todas las decisiones son revisables por tribunales. Así se construyó en México uno de los sistemas de procedimientos electorales más robustos, rigurosos y objetivamente confiables del mundo. Correlativamente, también es de los sistemas más costosos, porque la desconfianza cuesta.
Si nos atenemos a los hechos verificables, las elecciones mexicanas son limpias y transparentes en cuanto a la emisión de los votos y el cómputo de los mismos. Los factores que pueden afectar la autenticidad de las elecciones se ubican antes de la emisión del sufragio, o sea en las condiciones de la competencia y en las campañas. Pero la desconfianza persiste y se plasma en procedimientos de organización electoral abigarrados, cargados de suspicacia y a veces distantes del sentido común. Todo eso cuesta, no sólo en dinero, sino también en tiempo.
Las elecciones de las democracias más sólidas se caracterizan por la prontitud con la que se emiten los resultados. Apenas cerradas las mesas de votación, suelen conocerse tendencias preliminares, y en pocas horas más, aquellas tendencias casi siempre se confirman. Cuando las votaciones resultan muy cerradas, el conocimiento público del ganador puede tardarse un poco más, pero esto rara vez rebasa las 24 horas después de concluida la jornada electoral. Otra característica de las democracias es que los perdedores de las elecciones reconocen el resultado.
En México se ha avanzado mucho en la emisión pronta de resultados electorales, no así en cuanto a su aceptación por los perdedores. Después del trauma de las elecciones de 1988, cuando las cifras de votación se retardaron y hasta fueron ocultadas deliberadamente, todos los organismos electorales se han afanado por contar con mecanismos de captación y difusión de resultados rápidos y transparentes. Las elecciones federales de 1994 contaron con un programa que ofreció resultados preliminares medianamente tempranos y claros. Pero fue en las elecciones de 1997 cuando el Instituto Federal Electoral instrumentó un Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) en toda forma, con celeridad y amplia difusión por internet, para que todos los interesados pudieran consultar los datos con el detalle que quisieran: nacional, estatal, distrital y hasta por casilla. La confianza ciudadana que generaron esas elecciones se debió, en buena medida, a la disposición de información preliminar abundante desde la misma noche de la jornada electoral.
Desde entonces, todas las elecciones federales y locales de México han contado con programas de resultados preliminares cada vez más robustos, a prueba de fallas técnicas y eventuales intrusiones. Las fallas y los retrasos grandes han sido la excepción, no la regla. Casi siempre, los PREP inyectan confianza en los resultados, pero cuando sufren algún contratiempo de consideración pueden causar incertidumbre, descalificaciones y hasta conflictos. Gracias a los avances tecnológicos, el funcionamiento de los procesos de captura, transmisión, cómputo y difusión de los datos electorales es cada vez más eficiente y seguro. Pero la rapidez de los resultados preliminares depende no sólo de esos procesos tecnológicos, sino de la oportunidad con que se concluyan los cómputos en las casillas de votación, la velocidad de traslado del acta correspondiente y la cantidad de datos que deban capturarse en los Centros de Acopio y Transmisión de Datos (CATD).
Considerando el modelo de Casilla Única, y que en 2018 concurrirán elecciones federales y locales en 30 entidades, hay dificultades objetivas para que los escrutinios y cómputos de votos en las casillas se lleven a cabo con la celeridad habitual en comicios anteriores. Por esa razón, el INE ha adoptados algunas medidas para abreviar esos procedimientos; en particular, ordenando los cómputos simultáneos de elecciones federales y locales, y permitiendo llenar cada acta conforme se concluya el cómputo de la elección, sin esperar a que concluyan los otros cómputos. Adicionalmente, se prevé una aplicación digital de envío por teléfono a los CATD de la imagen del acta, para capturar los datos sin tener que esperar a la llegada física del acta.
Lo que no se ha podido corregir hasta ahora, principalmente por la desconfianza heredada, es la complejidad y sobrecarga de información que padecen las actas de escrutinio y cómputo de las casillas. Tal como están diseñados, la lentitud de esos procedimientos es inevitable. Otro problema es la sobrecarga de datos en el propio PREP. Lo que los resultados preliminares deben captar son las cifras de votación de cada partido y nada más, porque esos resultados tienen una función meramente informativa, no legal, ni son elementos de prueba para respaldar impugnaciones. Hay que recordar que la información completa de las actas se escruta, captura y valida en los cómputos distritales o municipales. Pero la desconfianza sistémica ha presionado para incluir en el PREP más datos que los necesarios, con el aumento inevitable del tiempo de captura de datos y su efecto en la tardanza para disponer de los resultados preliminares y difundirlos. En todas las elecciones, pero especialmente en las que se esperen márgenes de victoria muy estrechos, el tiempo para la emisión de resultados es un factor que impacta en la confianza ciudadana.
Unos resultados preliminares oportunos, la misma noche de la jornada electoral, darán confianza a los ciudadanos y atajarán eventuales intentos de descalificación de las elecciones. En cambio, resultados electorales tardíos podrían manchar y deslegitimar inclusive a una elección objetivamente limpia y justa.
*Consejero del INE
