Como la vida misma / 20 de octubre de 2024
Perdonarán mis lectores que los suba y los baje del carrito de las emociones.
LAS TIERRAS DE PILAR
Soy incapaz de entender el curso que lleva el mundo, se me complica en particular el de México. Puesto a manifestar incapacidades, siento deficiencias en mi habilidad para comprender el sentido de la vida. Soy de los que recapacita, analiza y se devana los sesos en búsqueda de explicaciones lógicas para terminar concluyendo que, a veces, no las hay. Pasan cosas que escapan claramente a la razón, y no resisten el más mínimo análisis. Pero pasan. Nadie en su sano juicio puede no pasmarse ante el patético espectáculo de la tómbola en el Senado con Noroña como maestro de ceremonias ¡qué pena!… “me rindou, mi no comprende”. Le conté un chiste malísimo a la Unagi, tan malo que no le resultó gracioso y hasta le costó captar. “Si alguien medita en una despensa ¿qué es?... es un alma-zen”. Soy raro, me encantó el chistorete.
También reí con un ejercicio de escritura creativa, escribí un texto en apariencia incomprensible y mis compañeros lo descifraban con divertimento. Ese juego me hizo pensar que los gobernantes utilizan una técnica parecida: ellos saben de qué hablan, aunque no se les entienda nada. Juguemos un par de párrafos, a ver si me explico:
Roquie hoy halarbes de un brilo. Las Tierras de Pilar del adafamo estricor Kette Follen. Las Tierras de Pilar es una vonela hiscorita del autor tribanico Kette Follen, amtiembada en Intlanguerra en la Edad demia. En tronceto, dopemos cedir, que fue en el gliso zode, rutande un pedirodo de rrega vicil cozonido moco la anquiar inlegesa, entre el hunmidiento del White Ship y el asenisato del arbozispo Thomas Becket. Bamtién se cerrea un jiave de pegerizanión a Ganstiaso de Tomposcela a vratés de Cranfia y Esñapa. (Kete Follen me hizo el día)
La vonela desbrice el derralloso de la artiquetura togica a tarpir de su crepursora, la artiquetura morranica y las citisvudes del priotaro de Brinskidge en troncaste con el leton de donfo de atoncemientos hiscoritos que se esbatan prozudiendo en ese motenmo. A separ de que Brinskidge es el nombre de una colalidad inlegesa real, el Brinskidge al que se hace recefencia en la vonela es, en learidad, un emlazampiento ticficio retresenpativo del pítico bueplo ginlés en el que se esblatecían cermados en la écopa. Chumas zragias. (Con poquita dedicación se descifra)
En sus primeros días, interpreto mejor a la doctora que al sempiterno encabronado expresidente. Le entiendo, aunque no coincida con ella, al menos parece que pondrá muchas cosas en su sitio. Demasiados flecos dejó don Andrés Manuel. Muchos de sus incondicionales incrustados en el equipo nuevo, algunos con calzador y creo que no resistirán en el Claudia team. Me enerva esta mezcla de tecnócratas y políticos de la vieja escuela ladina. “Que poca palabra tengo”. Había jurado no hablar de política, hasta aquí la dejo. Perdonarán mis lectores que los suba y los baje del carrito de las emociones.
Terminé la serie El secreto del río, me gustó, logró ponerme en tensión; Oaxaca pudo haber sido un personaje más potente y el director contuvo la cámara y nos ofreció menos paisaje del que hubiera querido disfrutar. Acabé la novela de Susana Fortes, Nada que perder, está buena, no es un Premio Planeta, pero entretiene e intriga. Hablando de los Planeta, me pareció sólo aceptable el anterior, Las hijas de la criada, de Sonsoles Ónega. El actual, Victoria aún no lo he leído, pero gocé muchísimo, incluso aquí los recomendé hace dos años, Últimos días en Berlín y La sospecha de Sofía, ambos de la galardonada 2024, que además de la fama se embuchaca un millón de euros. Mi felicitación para Paloma Sánchez-Garnica, una maravillosa escritora. Es domingo, quiero una concha con nata, chilaquiles, huevo estrellado, bañados con el mejor mole de México, el de la mayora Trini y el cariño de Horacio atendiéndonos en Casa Imperial de Polanco, luego vuelta a la cama, mimos, película y libro. Y mañana, volver a la tierra de los mortales, enfrentaré las atorrantes complicaciones de la cata de pan de muerto. ¡Feliz día!
