Señales encontradas en la CDMX

Por un lado, apostar a ampliar la representatividad de la izquierda bajo el paraguas de Morena en el centro del país y, por el otro, capturar a mayores segmentos de votantes que podrían ser escépticos de darle una nueva oportunidad a perfiles de dura ideología.

Desde el inicio de su administración al frente de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum traza un interesante doble diferenciador en su posicionamiento ante la opinión pública de la capital del país. El primero, refiere a su búsqueda de afianzar en la percepción social un nuevo concepto de gobierno de izquierda, en contraste con la gestión del PRD que le antecedió. Con ello no sólo pretende abrir paso al poder de Morena sobre los contados bastiones perredistas que pelean su sobrevivencia, sino también que la sociedad tenga claridad sobre los alcances de su eventual legado, esto es, los beneficios de mediano y largo plazo derivados de sus decisiones políticas.

Entre otras acciones, están como muestra la lucha contra las inmobiliarias —a las que ha impuesto clausuras a varios de sus megadesarrollos, así como multas considerables por la construcción de obras irregulares— o el tequio realizado por sus colaboradores durante los fines de semana —que si bien es una intervención pública que Sheinbaum rescata de la gestión de Cuauhtémoc Cárdenas, proyecta a su administración como más austera y cercana a la gente que la conseguida por sus excompañeros de partido—.

El segundo diferenciador hace alusión a las formas del liderazgo al interior de Morena. Sin faltar a la lealtad del liderazgo partidista que le concedió la plataforma electoral para llegar, junto con los méritos de su propia campaña, a la Jefatura de Gobierno, Sheinbaum busca posicionar cierto nivel de autonomía frente al poder central de Morena. Así lo mostró con la Guardia Nacional, por ejemplo. Nunca terminó de darle un cheque en blanco a la iniciativa del gobierno federal, que para muchos representó una desilusión a sus expectativas porque les significó, simplemente, el profundizar la militarización de la seguridad pública del país, y si bien ofreció cooperación, la restringió a los límites territoriales con entidades vecinas de la ciudad.

Nada mal la estrategia de la diferenciación desplegada por la jefa de Gobierno de cara a la sucesión en 2024. Por un lado, apostar a ampliar a su máxima expresión la representatividad de la izquierda bajo el paraguas de Morena en el centro del país, con un PRD debilitado a partir de su gestión política y, por el otro, capturar a mayores segmentos de votantes que podrían ser escépticos de darle una nueva oportunidad a perfiles de dura ideología, como los que respaldaron en 2018, pero que sí transitarían para un segundo periodo sexenal bajo las mismas siglas partidistas con una mujer más moderada y con logros respetables de política pública.

Cierto es también que la efectividad de la estrategia no aguantará una comunicación gubernamental de la ciudad tan pobre como la del fin de semana pasado. Días en que se conjuntaron fenómenos mediáticos de alto interés público, como la contaminación derivada de incendios y la captura de la propietaria del Colegio Rébsamen. Casos en los que tanto integrantes de su gabinete como sus equipos de comunicación exhibieron falta de la más básica interlocución, ya no se diga de protocolos de actuación entre secretarías, intervención oportuna en medios y, en el caso extremo, un aletargado sentido común que motivara una actitud proactiva en la toma de decisiones.

Simplemente, ¿cómo es posible que con más de 20 incendios en zona urbana o aledaña a la CDMX, con vientos que reforzaron la extensión de humo en esta capital y con altos niveles de contaminación —reconocidos por el gobierno local la noche del sábado 11—, la Semovi no haya cancelado el paseo dominical Muévete en Bici? Por lo visto, nadie en esa dependencia leyó el comunicado de la SGIRPC, que recomendaba “reducir el tiempo de exposición en exteriores a grupos sensibles como niños”, así como “a los deportistas abstenerse de realizar ejercicio o actividades al aire libre”.

Del lado del Rébsamen, lo que era una oportunidad única para dar respuesta de justicia a los padres de las víctimas escolares y mitigar los costos políticos del paso de Sheinbaum por la delegación Tlalpan, las contradicciones y otros errores de comunicación institucional llevaron el foco de la coyuntura a la especulación de si la propietaria de la escuela negoció o no su entrega a la autoridad, desinflando de tajo el golpe mediático de su captura. Más aún, cuando su exabogado señala que existen trámites de amparo en curso con los cuales podría recuperar su libertad. Si Sheinbaum desea capitalizar los frutos de su estrategia política, deberá, primero, ajustar las tuercas de su engranaje de comunicación, empezando porque el primer pararrayos en crisis no sea ella, sino el responsable institucional del tema que se trate.

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