Félix Fuentes

Escuché entonces un brevísimo, pero valioso diálogo reporteril

Enero de 1992. Periódico El Universal. El esplendor del salinismo

Tenía sólo tres días en el diario. A lo lejos me llamó, con la mano agitada en el aire, Emilio Viale, jefe de Información. Con él, otros dos reporteros: Arturo Zárate Vite e Ismael Romero.

–Se va Bartlett de Educación–, me dijo Viale. Necesitamos saber quién llega…

–Llega Colosio, Emilio–, respondió Zárate Vite.

Di media vuelta y marqué el número tantas veces marcado en los últimos años. Respondió Lupita. De inmediato me pasó a Félix Fuentes, columnista político de El Universal. Jamás se negó a tomarme una llamada.

–Se va Bartlett, señor Fuentes… me piden aquí checar quién llega en su lugar…

Del otro lado de la línea escuché un “a ver, Martín, espérame… no me cuelgues… sólo escucha”. Silencio. Instantes después nuevamente la voz de Félix:

-¿Estará el secretario Bartlett?

Nuevamente silencio.

Escuché entonces un brevísimo, pero valioso diálogo reporteril:

-¡¿Cómo estás, secretario?!... Bien… ¿Que ya te vas hoy en la tarde?… Muy bien, sí,… oye, ¿y quién llega en tu lugar?... ¡no me digas!... ¿Zedillo?... muy bien… ya hablaste con él…muy bien, Manuel… sí, yo te busco… gracias…

-Pues ya oíste, Martín… el propio Bartlett acaba de hablar con Ernesto ZedilloZedillo a Educación…

-Gracias, señor Fuentes

Regresé con Viale. “Llega Zedillo a Educación”. Abrió los ojos, sorprendido. ¿Seguro? ¿Cuál es tu fuente? Es Zedillo, insistí. “Yo sé que es Colosio”, punzó Zárate Vite. Viale nos veía a los dos. Reté:

-Mire, Viale, si no es Zedillo me despide hoy mismo… sin problema…

Viale me vio seguro de lo que decía.

Se reunió con Jorge Villa, subdirector, y el querido Pedro Álvarez del Villar, jefe de redacción, amigo en las malas y en las peores. Comentaron. Volvieron a llamarme y se los repetí: Zedillo a Educación.

Esa tarde, El Gráfico daba la exclusiva a ocho columnas: ZEDILLO A EDUCACIÓN. La nota no llevaba firma. Por la tarde se oficializó. Nos la habíamos llevado.

Gracias, Félix Fuentes.

*****

Algún momento de 1991.

Director de Ovaciones, Félix Fuentes me nombró jefe de Información del matutino. Yo muy joven. Él ya era un columnista consolidado, respetado, como hasta hoy. Su franqueza y su periodismo causaban prurito en muchos. Temor también.

Se fue Félix de vacaciones. Recibí un aviso de Alejandra, la secretaria de Fernando González Parra, presidente y director general de Ovaciones. “Mañana te invita a desayunar don Fernando. En su oficina”.

Llegué temprano. González Parra —hasta hoy— siempre ha sido afable conmigo. Buen tipo. Hablamos de mí. De él. Del diario. De sus frascos con vitaminas de todos colores. Al desayuno se agregaron Joaquín Bueno, director de la Segunda. Y Lilia Arellano, una especie de publirrelacionista.

-Se va Félix, Martín. ¿Quién llena su lugar?

La pregunta a bocajarro me desconcertó un poco, pero no dudé en la rotundez de mi respuesta.

–Nadie, don Fernando

–Bueno, Martín… alguien debe ocupar su lugar… ¿qué tal si ya no regresa?...

–Nadie, don Fernando–, repetí a secas. Félix vuelve la próxima semana, apostillé.

Desayunamos en silencio.

Félix Fuentes regresó días después. Le conté la anécdota. “Eso es típico de don Fernando”, me dijo, después de un silencio y mirarme no sé si con curiosidad o con rareza. Cerramos la edición.

–Vamos a tomarnos unos güisquis, me dijo Félix.

Así lo hicimos. Fueron varios. Han sido muchos a lo largo de la vida.

*****

“Gracias, señor Fuentes”, es una de las frases que más he pronunciado en la vida. Y ha sido sencillo y sincero: así lo digo porque así lo siento. Ayer. Hoy. Siempre. Gracias, Félix.

Gracias, Félix, por ayudarme a ser mejor periodista con tus informaciones que me has compartido siempre como si fueran un trozo de pan o un vaso con agua: sin mezquindad, sin complejos. Gracias, Félix, por tus consejos. Gracias, Félix, por tus correcciones cuando ha sido necesario y que siempre terminaban, invariables, frente a un güisqui. Gracias, Félix, por estar ahí cuando algo no me cuadra

—ante la computadora y ante la vida— y orientarme a tomar la mejor decisión.

Gracias, Félix, por encima de todo, por tu amistad. Por tu generosidad. Por estar. Hoy. Siempre.

Gracias, Félix Fuentes.

ARCHIVOS CONFIDENCIALES

NAPITO. No todo es rosa para el impune líder minero Napoleón Gómez Urrutia: se crea el Sindicato Nacional Democrático de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Conexos, hartos de la dictadura sindical de Napito, que está por regresar de Canadá. Al frente estará el combativo Héctor Jiménez Coronado. Habrá pleito.

FELICIDADES. A los lectores de esta columna, un fuerte abrazo navideño. Gracias. Tomaré breve receso.

                Twitter: @_martinmoreno

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