Calderón tenía razón

El diagnóstico del expresidente sobre la inseguridad era acertado.

La frase corre de boca en boca entre millones, brinca en el colectivo nacional, se contiene aunque se reconoce: Felipe Calderón tenía razón en su diagnóstico sobre enfrentar “con toda la fuerza del Estado” al crimen organizado y a su brazo más poderoso: el narcotráfico.

Ayer crucificado, hoy resucitado –de hecho ya se encuentra en México respaldando, según versiones periodísticas, a su esposa Margarita Zavala para que alcance una diputación federal–, Calderón tuvo razón no sólo en el diagnóstico, sino en los escenarios negros que hoy se cumplen, como profecías malditas, en dos ámbitos: en el enquistamiento de la criminalidad en los municipios y en las instituciones.

De varias alertas calderonistas, al menos dos se recuerdan y se ajustan al momento de empoderamiento del narco, de complicidad de autoridades estatales y municipales y a los vacíos de autoridad y de innegable ausencia de estrategia dentro del gobierno federal:

1) En septiembre de 2012, a punto de dejar la Presidencia, Calderón declaró ante el Consejo de Relaciones Exteriores en Washington: “No veo otra opción (para Peña Nieto) que seguir el combate a la criminalidad, o hacerse para atrás y decirle a los delincuentes: aquí tienes esta ciudad, es muy bonita para ti... yo no veo que haya de otra. O la otra sería echarse para atrás, darle la mano libre a los criminales, y decirles: bueno, yo ya no voy a luchar más aquí, por favor, adelante, ¿les gusta este gobierno? Tómenlo... ”

2) En noviembre de 2013, entrevistado por el periódico paraguayo ABC, el expresidente advirtió a manera de profecía: “Las organizaciones criminales han adquirido tal grado de sofisticación que se están apoderando de las instituciones. Estaban (los criminales) prácticamente secando a la sociedad. Ya no los podíamos evadir más. Se tenía que poner un alto a la criminalidad. Se estaban convirtiendo en los mandamases (sic) de México”.

Calderón no se equivocó en sus diagnósticos.

Con aquella primera alerta desde Washington, en sus días finales como presidente, el tiempo le dio la razón a Calderón: allí está el caso de Iguala –y de infinidad de municipios más en todo el país dominados por el narco (ver Archivos del poder del pasado 4 de noviembre, bajo el título “Carrizalillo, el pueblo secuestrado”)–, donde el crimen organizado gobernaba, ordenaba, disponía, se enriquecía y ejecutaba, literalmente.

Y con la segunda alerta lanzada hace poco más de un año, también el tiempo fue aliado del expresidente mexicano: hoy, ¿quién puede negar que el crimen organizado se ha apoderado de instituciones, encarnadas en policías, jefes policiacos, alcaldes, gobernadores o funcionarios coludidos y al servicio del narco? Quien esté libre de pecado, que tire el primer soborno.

Pero más allá de diagnósticos acertados de Calderón, sin perder de vista su estrategia cuestionada y que es otro debate que se debe atender por separado, el tiempo confirmó sus advertencias y, hoy por hoy, las críticas, en lugar de debilitarlo, lo fortalecen a la luz del caos nacional.

Allí está la atropellada declaración del líder priista César Camacho, quien en un acto de desesperación ante la casa que se incendia, reparte culpas... ¡dos años después de iniciado el retorno del PRI a Los Pinos!

“El sexenio calderonista hizo su aportación, lo digo con sarcasmo, a la situación en la que estamos viviendo, habiendo declarado una guerra absurda de la que todavía no podemos salir”.

¿Y qué quería Camacho: que se cerraran los ojos y se dejara de hablar de violencia, como equivocadamente se hizo en este gobierno, para aplicar la trillada muletilla priista del ‘dejar hacer, dejar pasar’?

¿No se da cuenta Camacho que en vez de abonar al gobierno peñista con estas declaraciones, quedan, ante la opinión pública, aún más cuestionados por repartir culpas de manera vana en lugar de intentar enderezar las cosas?

Lo cierto es que en diagnósticos sobre el crimen organizado, acertó Calderón.

Y más allá de las palabras de Camacho Quiroz, al menos dos factores surgidos de la propia boca del Presidente de la República, el jueves pasado en Palacio Nacional, confirman que Calderón tenía razón:

Primero: retomar la propuesta calderonista del mando único policiaco plasmada en 2008 en los compromisos con la sociedad civil, y a lo cual el PRI siempre se opuso y rechazó en el terreno legislativo.

Segundo: hacer suya la fórmula del teléfono de emergencia –911 o el que sea, el número es lo de menos–, que se planteó, de manera formal igualmente, durante el sexenio pasado.

Diagnósticos calderonistas acertados.

Propuestas retomadas por el priismo.

Sí, todo nos lleva a esa frase que hoy se escucha insistente: Calderón tenía razón.

                                                Twitter: @_martinmoreno

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