Ya está aquí

Lo que verdaderamente preocupa hoy es el después. Lo que viene en términos de pandemia ya está aquí. Las consecuencias económicas de la pandemia son las que podríamos mitigar, pero no parece haber voluntad de hacerlo por parte del gobierno.

La semana antepasada escribíamos sobre la apuesta que se ha jugado el gobierno mexicano con la pandemia que nos aqueja y que ya está aquí. Insisto, sabremos muy pronto si el gobierno calculó y se preparó mejor que otros países del entorno. Zambullirse en la experiencia de otros no pareció ser la estrategia del gobierno, sino basarse en los propios modelos de infección y la experiencia propia fue la ruta a seguir. Espero que sea la decisión correcta.

También espero que la experiencia particular del año 2009 con la AH1N1 sea un diferenciador con respecto a otros países. Tengo la esperanza de que nuestra condición de víctima constante de desastres naturales nos dé una ventaja para palear la pandemia. Espero, también, que las víctimas sean pocas.

Pensar que en las próximas semanas nos viene una ola lenta que requerirá de mucha solidaridad y profesionalismo en la gestión de crisis nos pone nerviosos a todos. Entender que hay un virus deambulando sin control, del que cualquiera se puede enfermar, es algo nuevo para el mundo, pero no para nosotros. Requerimos moderación y paciencia. Debemos tener fuerza interna y una capacidad de respuesta donde toda la sociedad debe participar, por activa o por pasiva. Observar las indicaciones de las autoridades no es algo que se nos dé con naturalidad; es más, una tercera parte del país ya estaba recluida en casa antes de que fuera la instrucción gubernamental, lo que nos pinta como una sociedad dudosa, pero activa ante los desastres. No podemos flaquear ahora.

Lo que verdaderamente preocupa hoy es el después. Lo que viene en términos de pandemia ya está aquí. Las consecuencias económicas de la pandemia son las que podríamos mitigar, pero no parece haber voluntad de hacerlo por parte del gobierno.

Todas las principales economías del mundo ya emitieron sus planes de mitigación económica. Los famosos planes anticíclicos que aminorarán los efectos de la crisis económica que viene en los ciudadanos, sin embargo, aquí, las decisiones son del statu quo, de no modificar nada. No cancelar proyectos para liberar fondos que podrían ser usados para salvar empresas. Parece que olvidamos que el empleo es el motor del bienestar y del movimiento social; que debemos garantizar que la gente siga percibiendo su empleo para que, cuando acabe esto, la gente siga consumiendo, comprando cosas y yendo a restaurantes. Es la única manera de mantener la economía en movimiento, aunque ésta quede mermada.

No se puede exigir al empresario, quien es el que genera el empleo, que pague sueldos, pague impuestos y no opere. Es una cuestión de aritmética pura y dura. No dan los números. No se puede usar el dinero de los que pagan impuestos para mantener una economía que no produce, es una asimetría que será mortal para la economía.

El gobierno debe implementar un plan que libere fondos mediante la cancelación de los proyectos más grandes en curso, debe solicitar una línea de crédito contingente de los organismos internacionales (cuestión que no quiere, pues tendría que someterse a recetas “neoliberales”) y diferir pagos de impuestos para financiar la caída económica de los próximos meses. Pero parece que no hay figuras dentro del propio gobierno que logren imponer este sentido común que parece urgente.

La apuesta de la pandemia ya se hizo, la apuesta económica parece no serlo tanto sino, m´ss bien, parece una certeza próxima que podría llevarnos a la peor crisis económica en 100 años.

El Congreso, por su lado, está completamente desdibujado y sin tener el papel de contrapeso que se diseñó en la democracia liberal moderna. Parece que nunca ha sido tan fácil ser oposición como ahora, pero no hay capacidad ni liderazgos para instrumentar una estrategia que, ante los resultados, sería ganadora. Es una tristeza, porque esta ola tendrá más víctimas. Alea Iacta Est.

Ante esto, tampoco veo, salvo en un caso, a los empresarios del país con una postura fuerte. Mantener la cordura frente a lo que viene es una tibieza. Organizar al sector productivo del país para tener una postura contundente es fundamental.

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