La semana pasada, el miércoles 1 de julio para ser exactos, tomó fuerza la noticia de que Estados Unidos no querría una prórroga del USMCA por un periodo adicional, lo cual mucha gente interpretó en su momento como la terminación del acuerdo norteamericano. Como ya lo explicó el gobierno, esto no es así; lo primero es que el 1 de julio requería una postura formal por procedimiento y lo segundo es que el no acuerdo dispara la cláusula sunset, que prevé un proceso de terminación de 10 años, durante los cuales los términos existentes prevalecen.
Lo anterior no es gracias a los dotes negociadores de la actual administración, sino a la inteligencia y habilidad de Ildefonso Guajardo, exsecretario de Economía, quien logró convencer al entonces USTR que se requería de 10 años para desacoplar las cadenas productivas de Norteamérica en caso de no seguir con el acuerdo. En realidad, Guajardo garantizó que hubiera 10 ventanas de oportunidad para llegar a un acuerdo.
Dicho lo anterior, quiero compartir algunas reflexiones sobre este tema que conozco muy bien por temas profesionales.
El primero es el corto plazo, nada pasará, como no hubo movimientos abruptos en el tipo de cambio. Los productos seguirán intercambiándose y la vida continuará normal para los ciudadanos de a pie. Sin embargo, en las oficinas corporativas se estarán llevando a cabo reuniones para determinar cómo se van a ejecutar los planes de crecimiento y expansión que habían sido frenados por la incertidumbre de que no habría acuerdo hasta el 1 de julio. Ahora la incertidumbre será la constante. En este factor es importante recordar que hay aranceles impuestos por el gobierno de Estados Unidos de manera unilateral y que afectan los resultados financieros de las empresas. Esos aranceles son independientes al USMCA, pero tienen un impacto real en las empresas.
El segundo es de mediano plazo. ¿Cuál es el objetivo que debería tener México? Sin duda, el objetivo debe ser firmar la prórroga del acuerdo lo antes posible para normalizar la relación comercial y proveer certeza a los inversores para crear más empleo. ¿Hay un plan para ello? ¿Qué está dispuesto a hacer y modificar el gobierno mexicano para lograrlo? ¿Revertir la reforma judicial? ¿Restablecer los órganos autónomos? Lo desconocemos (aunque intuimos), pero lo que sí sabemos es que hay muchos frentes abiertos que han incomodado a nuestros socios estadunidenses. Para la industria, la opción a mediano plazo es dónde invertir. Le pregunto a usted, en un negocio de manufactura global, ¿dónde pondría su siguiente planta, en México con aranceles y con la perspectiva de que en 10 años podría no haber USMCA? México no ha entendido que su competencia no es Brasil, China o Vietnam, es el sur de Estados Unidos.
El tercero es el largo plazo. Los estadunidenses siempre han sido muy estratégicos, desde hace años han tomado una serie de acciones que tienen como objetivo limitar el poder de China y para ello deben blindar su barrio y de ser posible el del viejo occidente, Europa, aunque ellos están muy ocupados cometiendo un suicidio civilizatorio. El punto es que este año se han presentado una serie de planes geopolíticos estratégicos de lo que los estadunidenses llaman “la Gran Norteamérica”. México ha sido consistente, desde 1994, en perder oportunidades para convertirnos en un socio confiable, en un aliado fiel y en un amigo de Estados Unidos. Por el contrario, a últimas fechas el gobierno mexicano ha devuelto la narrativa del imperio opresor que hace mucho daño a nuestra relación. Creo que México tiene personas capaces y conocedoras de la relación con Estados Unidos como para generar una estrategia de largo plazo a la que el país debe ceñirse, gobierne quien gobierne.
Ahora que se cumplen los 250 años de Estados Unidos, ¿cuál fue el regalo de México? Siempre que corro por el National Mall en DC pienso cómo se vería una pirámide maya (simbólica) llevada piedra por piedra como un gesto de amistad. Tenemos que cambiar de estrategia para acoplarnos a la Gran Norteamérica.
