Sin estrategia

México no sabe qué quiere ser para los americanos y esto no es un asunto sólo del actual gobierno, sino una omisión histórica de la que sólo se salva Carlos Salinas de Gortari.

Ayer por la mañana, un mexicano que vive en Washington y sabe de estos temas decía en Twitter que lo primero que se lee ahí es el Playbook de Politico, una publicación local que contiene la agenda política del día. Sin embargo, la publicación no traía nada sobre la visita del Presidente de México a Washington.

Ésto no nos debe sorprender. Estados Unidos de América es el país más importante para México, pero México no es el más importante para Estados Unidos, a pesar de que podríamos serlo. Desde 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio, la interacción entre gobiernos fue incrementándose, aumentando así la cooperación y el prestigio que ciertos funcionarios públicos mexicanos tenían en Washington. Las relaciones se han elevado durante los últimos treinta años, más por una inercia causada por compartir frontera y por el comercio incrementado, incluida la construcción de cadenas de suministro.

Pero la inercia no es estrategia. México no sabe qué quiere ser para los americanos, y esto no es un asunto sólo del actual gobierno, sino una omisión histórica de la que sólo se salva Carlos Salinas de Gortari. Tampoco sabemos qué queremos hacer con los canadienses, quienes son de nuestros primeros socios comerciales y a quienes acabamos de negar un voto en la Organización de las Naciones Unidas.

Cuando una publicación como Politico o cualquier otro periódico de Washington no trae como nota destacada la presencia de un presidente de México, habla de que el establishment ha perdido interés. No es cosa menor, los americanos no se mueven por principios, sino por intereses. No tener el interés del establishment es consecuencia de la falta de estrategia y de que nos vuelven a percibir como el vecino que da problemas, una condición que no hemos podido cambiar en años.

Al establishment le interesaba cuando avanzábamos. Ahora que vamos en retroceso y que estamos afectando los intereses de los americanos en nuestro país, recibiremos correctivo e indiferencia. Hemos desperdiciado décadas de aprovechar el mercado más grande del mundo que siempre nos ve emproblemado e incapaz de ordenarse por sí mismo.

La visita actual es en un momento bajo en las relaciones con los Estados Unidos, aunque el marco que se le ha querido dar es el del renovado acuerdo comercial norteamericano. Sin embargo, el hecho de que el primer ministro de Canadá no vaya desmantela, en mucho, la importancia al tratado y al carácter “norteamericano” de la visita.

Los Estados Unidos tienen grandes probabilidades de cambiar de rumbo muy pronto. En noviembre pueden elegir a un nuevo presidente y nosotros seguimos (y seguiremos) sin estrategia y sin aprovechar la vecindad. ¿Qué darían Japón y Alemania por diez metros de frontera con Estados Unidos?

Y hablando de Europa, éste es otro flanco descuidado. Los ataques “históricos” a España han mermado nuestra relación más importante en Europa, aunque se ha fortalecido la relación con Francia, la querencia natural de nuestro canciller.

Tanto España como Estados Unidos son dos de los principales inversionistas en México y, por lo tanto, dos de los principales empleadores de mexicanos. Mas allá de la estrategia aludida en este artículo respecto a la coyuntura norteamericana, existía un eje de relaciones fundamentales para México. Ese eje estaba basado en intereses, los cuales han sido minimizados bajo los principios teóricos que tanto gustan al Nacionalismo Revolucionario. Los intereses han movido más, socioeconómicamente hablando, a los mexicanos, que cualquier principio de libro de texto de la SEP.

Hay muchos espacios para mover esos intereses, y se llenarán por gobernadores que tengan en vista las oportunidades de inversión, a cambio de certeza jurídica.

Siempre hay oportunidades, lo que hay que tener claro son los objetivos.

Mar de China

Estados Unidos envió dos portaaviones al mar de China con todo lo que eso implica. Los portaaviones viajan con una escolta de destructores que incrementa las tensiones en el mar que China quiere adjudicarse y que Estados Unidos reconoce como aguas internacionales. No es cosa menor, es un conflicto geopolítico de primer orden.

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