Occidente

Estados Unidos no requería de una ocupación militar para cumplir con los objetivos razonables que al fin consiguió.

En las últimas semanas se ha escrito mucho sobre la salida de Estados Unidos y sus aliados de Afganistán. Particularmente sobre la derrota en la guerra y sobre lo intempestivo de la salida. No voy a ahondar mucho en ello, porque hay quien sabe más respecto a las razones por las cuales se perdió esa guerra y si fueron bien ejecutadas las retiradas de los aliados. Voy a tratar de dar un poco de contexto y terminaré con mi opinión.

Cómo dice Yuval Harari, el verdadero objetivo del terrorismo es provocar una actuación mayor y descontrolada de quien fue víctima del acto terrorista. Bajo esa tesitura, los ataques del 11 de septiembre en contra de EU fueron un éxito rotundo que causó dos guerras y la movilización de centenares de miles de tropas, trillones de dólares (en inglés) y la desestabilización de Oriente Medio hasta el punto de que no hemos llegado a la estabilidad regional todavía.

Estados Unidos reaccionó y comprometió a sus aliados a iniciar una guerra sin razón o lógica generada por el deseo de venganza (justificada) de los ataques del 9/11. Las guerras salen muy caras cuando los objetivos no son claros ni fríos. Que le pregunten a Agamenón y a Priamo lo que costó el calenturiento robo de una reina espartana.

Estados Unidos no requería de una ocupación militar para cumplir con los objetivos razonables que al fin consiguió. Se deshizo de la organización de Al Qaeda y mató a Osama bin Laden en un operativo digno de película. Para sus aliados el tema fue más costoso, la incursión en Afganistán le costó ataques terroristas in situ a España, Francia e Inglaterra.

El problema es que terminado Al Qaeda y sin un objetivo claro de qué hacer en Afganistán, la falta de estrategia y la concatenación de malas decisiones durante veinte años hicieron evidente la necesidad de retirarse. Nunca ha habido una manera elegante de perder una guerra, se dice con razón. Cómo decía mi yayo, desde tiempos de los romanos, lo fácil es invadir un territorio, lo más difícil es salir.

Lo irónico del asunto es que lo que queda es lo que estaba. Los talibanes que son una tribu de fundamentalistas religiosos que piensan que la ley islámica debe regir el comportamiento de la gente y que quien no lo haga debe morir, porque al morir como resultado de la aplicación de la ley islámica, se le salva el alma y se le abre el paraíso; vamos, que te hacen un favor. Lo más trágico de la imposición de esta gente es que el pueblo afgano estará condenado, como ya estuvo, a vivir en el medioevo, las mujeres a ser lapidadas por cualquier cosa, las niñas a ser separadas de sus padres a los doce años para servir de esposas y madres para quienes las escojan, a vivir sin educación ni lectura de otra cosa que no sea el Islam, entre otras muchas salvajadas. La desesperación y pánico del pueblo afgano visto alrededor del aeropuerto de Kabul es prueba de lo que viene.

Y vamos llegando al punto. El islam, como todas las religiones llevadas al extremos, es una amenaza para las libertades y los derechos de los individuos. El cristianismo y judaísmo se han visto obligados a ceder ante el avance de los derechos y la cultura de Occidente desde el Renacimiento. Las libertades occidentales ganadas a pulso por guerras y revoluciones son nuestro patrimonio y son completamente incompatibles con lo que se quiere imponer en Afganistán.

Las propias libertades occidentales que nos permiten estar ocupados en idioteces como el leguaje inclusivo (ya se perdió de vista que el objetivo era el respeto y la igualdad, ahora es ponerle “e” como terminación a todo) o el criticar el imperialismo norteamericano y burlarse de la derrota en Afganistán son lo más preciado que tenemos. Es increíble ver a tanta gente celebrando la derrota de los americanos que no sólo es de ellos, sino de Occidente, sin darse cuenta de que lo que gana es peor para la sociedad afgana y el mundo. No entiendo a quien se alegra de esta derrota de occidente en Afganistán, porque es alegrarse del sufrimiento de gente que perderá sus derechos y libertades y un retroceso civilizatorio.

                *Abogado y opinante

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