Norteamérica en crisis

A mi querida tía Azu, con agradecimiento.Si bien no voy a hablar hoy de los múltiples retos que veo en el panorama nacional y que se esconden detrás del escándalo diario, hay un tema de los importantes que está pasando ...

                A mi querida tía Azu, con agradecimiento.

Si bien no voy a hablar hoy de los múltiples retos que veo en el panorama nacional y que se esconden detrás del escándalo diario, hay un tema de los importantes que está pasando desapercibido y que creo debe atenderse. Norteamérica como región e idea de integración comercial está en una crisis severa.

Como todas las crisis geopolíticas importantes, las causas son múltiples. Pero antes demos un poco de contexto. El NAFTA fue una concepción visionaria de Carlos Salinas de Gortari, que algún día recibirá el mérito que le toca. Desde la entrada en vigor en 1994, el NAFTA provocó un cambio brutal en la mitad norte del país al punto de que varios estados crecen (o crecían) a ritmos de países del sur de Asia. La vocación agrícola de zonas como el Bajío pasó a ser la industrialización, la manufactura y la exportación a Estados Unidos y Canadá de muchos productos, desde componentes aeronáuticos hasta convertirnos en el sexto exportador de vehículos del mundo.

Todo caminaba bien, pero en 2016 todo cambió. Al respecto sólo a algunas de las principales causas de la crisis. Primero, los gobiernos de los tres países dieron por hecho que lo que se había suscrito era suficiente y no requería ningún tipo de refuerzo. NAFTA era un arreglo guardado en un cajón que se quedó estático y nunca tuvo la ambición de evolucionar hacia otras cosas. Las ideas de que ciertos trabajos se movieron de un lugar de la región a otra se dejaron correr, siempre y cuando la matemática electoral tradicional de los americanos diera los resultados normales. El trabajo de comunicación para crear una identidad como el que se ha dado en Europa no se hizo y los vicios y estereotipos vecinales se dejaron crecer.

Las zonas de Estados Unidos que perdieron en el NAFTA no encontraron sustitución de actividades económicas y estaban políticamente debilitados dentro de esa fórmula matemática y política que es el colegio electoral norteamericano. Hasta que algo sucedió, llegó el señor Donald Trump y le rompió el esquema a tirios y troyanos. Aprovechó ese resentimiento, combinado con el estereotipo y se plantó a decir llanamente lo que muchos de esos americanos pensaban. No había una idea que balanceara la idea de injusticia del NAFTA. No existía un concepto de lo mucho que el propio NAFTA ha aportado a Norteamérica como región, incluyendo Estados Unidos.

A lo que me refiero en el punto anterior es que siempre existirán las ideas nacionalistas y antimultilateralistas. Europa lo supo desde el primer acuerdo europeo, el nacionalismo era un reto a vencer y se dedicó a propagar la idea de una identidad común, la europea. Desde la aparición de la bandera europea en los ayuntamientos y actos públicos hasta los discursos europeístas de los políticos que endosaban la idea de la unión. Gracias a eso, Europa ha podido resistir regionalismos y nacionalismos de manera exitosa. Ya sé que usted está pensando en el Brexit. Es verdad, los británicos, por su origen insular, siempre fueron los más reacios a la idea de su integración con Europa. La falta de comunicación del éxito y del impacto del Brexit (convenientemente) los orillaron a la solución fácil de salirse. Pero si pensamos en todos los movimientos nacionalistas y regionalistas que no han sido exitosos por tener la noción de que es mejor estar juntos que separados, por la buena y por la mala, la campaña europeísta ha sido un éxito.

Sólo como ejemplos de lo anterior, la región española de Cataluña sabe que si se separa de España, sale de la Unión Europea. Los flamencos no tienen futuro, ni siquiera geográfico, sin pertenecer a Bélgica, sede de las instituciones europeas.

También es cierto que el NAFTA o USMCA es un acuerdo comercial solamente, si se compara con la actual integración europea, pero le recuerdo que la UE inició como un acuerdo comercial sobre carbón y el acero sólo entre seis países europeos. Por ello le insisto que una de las principales causas de la crisis ha sido la falta de ambición de los tres países norteamericanos. Seguiremos en la siguiente entrega.

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