Norteamérica en crisis III

Pues la verdad, estimado lector, no pensaba continuar con el tema sobre el que he escrito en las últimas dos entregas, pero coincidentemente no era el único en ver un vacío regional. El presidente Biden solicitó una cumbre de líderes de Norteamérica de manera ...

Pues la verdad, estimado lector, no pensaba continuar con el tema sobre el que he escrito en las últimas dos entregas, pero coincidentemente no era el único en ver un vacío regional. El presidente Biden solicitó una cumbre de líderes de Norteamérica de manera urgente, de una semana a otra.

Por coincidencia, también yo estuve en Washington durante la semana pasada y pude ver de primera mano las reacciones e informaciones salidas de la cumbre. Lo primero que me gustaría contarle es que los noticieros mañaneros que vi no cubrieron la nota sobre lo que iba a pasar más tarde; ni siquiera en la cortinilla inicial o el resumen final. EU está volcado hacia dentro viendo la batalla ideológica entre republicanos y demócratas, la caída de Biden en las encuestas y las apariciones esporádicas de Trump. El único tema de política exterior que les impacta y comentan es China.

Como criticaba en mis dos columnas previas en el caso de México específicamente, Estados Unidos hasta antes de la cumbre no veía un valor estratégico en la región. Tan es así que han pasado en la Cámara de Representantes un paquete gigante de estímulos económicos que intentará ser una especie de plan Marshall para ellos mismos. El plan incluye inversiones en infraestructura y energía con la visión de la neutralidad de carbón para el 2035. Sin embargo y para demostrar que México y Estados Unidos no están navegando juntos, por la falta de una estrategia y política pública regional (causa de mi crítica hacia que los políticos manejen el futuro de Norteamérica como región) es que en ambos países se legisla con objetivos distintos.

Si bien los estadunidenses van por la neutralidad de emisiones de carbón (lo que quiera decir eso), han incluido incentivos importantes de hasta cinco mil dólares para aquellos vehículos de batería eléctrica (BEV) si tanto el vehículo como la batería son producidos en Estados Unidos. Esto que ya pasó y fue aprobado por la Cámara de Representantes viola directamente los preceptos de USMCA y las reglas de la Organización Mundial de Comercio. México y Canadá han presentado sus respectivas quejas, pero, hasta ahora, no han sido exitosas.

Por otro lado, el país que ayuda como proveedor de mano de obra, manufactura y partes esenciales a Estados Unidos, México, tiene una propuesta de reforma energética que tiene como consecuencia la generación de energía eléctrica en las plantas más vejas, ineficientes y sucias de la Comisión Federal de Electricidad, que no ha invertido para renovar su capacidad de generación por más limpias y eficientes.

Lo que en México no saben quienes deberían saberlo, es que las mediciones de carbón incluyen los procesos de producción. Como ejemplo es que un vehículo de batería eléctrica puede tener cero emisiones de desempeño, pero pudo haber sido producido con energía generada por una planta generadora con carbón o combustóleo (este último, el fin real de la reforma). Ese mismo vehículo tiene que recargarse para circular con la misma energía. ¿Tiene sentido?

Más allá, partes y componentes fabricados en México como parte de la cadena de valor norteamericana tendrían que calcular las emisiones de carbón de dichas partes como parte de su proceso interno de neutralidad de emisiones de carbón. Los ejemplos anteriores demuestran que los países de una región como ésta o Europa deben tener objetivos comunes y políticas públicas integrales y coincidentes para poder llegar a dichos objetivos. Sin México, Estados Unidos no podrá llegar a sus objetivos, por lo que la reforma propuesta es inviable con los intereses regionales.

Pero el problema es que los políticos de turno apelan a sus bases electorales en lugar de pensar en objetivos que impacten a generaciones futuras. Cómo aquí el tema de la soberanía setentera en Estados Unidos sigue la agenda de “made in America” de Trump. Dejar la estrategia y el futuro de la región a quienes piensan en la siguiente elección es peligroso. Por ello reitero mi propuesta de la columna anterior: un grupo de conocedores de Norteamérica debería fijar la agenda, el objetivo y la estrategia y presentarla a los Congresos para legislar sobre ella.

Temas: