Neofascismo II

Las redes sociales son los medios idóneos para los neofascistas.

Hace unas semanas escribí sobre un artículo interesantísimo del profesor Bart Cammaerts, profesor de comunicaciones y política, cabeza del área de medios y comunicación del London School of Economics and Political Science sobre el neofascismo. Él mismo define al neofascismo como un fenómeno contemporáneo enraizado en un pasado que combina el ultranacionalismo con el nativismo y celebra la jerarquía racial, mientras promueve la desigualdad y el privilegio; esta columna expondrá varios de los razonamientos de Cammaerts, dejo a usted la interpretación de dichas reflexiones.

Nos habíamos quedado en la “arrogancia de la ignorancia” como un concepto que desdeña la técnica y al intelectual. Es paradójico que científicos e intelectuales promueven la llegada del neofascismo engañados por una autodescripción incorrecta. Esta actitud deslegitima la ciencia, los expertos y la técnica, negándolos bajo la existencia de datos alternativos. En este sentido, el autor establece que la comunicación del neofascista ha tomado críticas posestructuralistas para reclamar verdades absolutas y legitimar la construcción de conocimiento en un extremo que cede todo a significados vacíos que se convierten en posverdad.

La negación de la verdad puede encontrarse en la manera en que las fuerzas neofascistas han desarrollado, distribuido y promovido siempre una amplia lista de teorías conspirativas que benefician su forma de ver el mundo, y atacan a sus enemigos ideológicos o étnicos. La teoría de conspiración funciona para interrumpir (disrupt) el conocimiento común, ofreciendo a cambio una explicación secreta entregada exclusivamente a “los que saben”.

La ilustración ha servido mucho a la humanidad, “pues sus valores incluyen un énfasis en argumentos racionales en el debate público, la promoción de la democracia y la maximización de la participación cívica, la aceptación de la libertad e igualdad como principios políticos centrales, así como la articulación de los derechos humanos inalienables”. A este respecto, los neofascistas no tienden a autoproclamarse como anti o contrailustración. En cambio, seleccionan, convenientemente, aquellos valores de la ilustración que pueden servir a su causa en un momento determinado.

Las posiciones más contrarias a la ilustración se exponen en los momentos cuando los valores, principios, leyes o contrapesos democráticos impiden sus acciones. Es en ese punto donde más se demuestra la vocación antidemocrática del neofascista, cuando un Estado de derecho se interpone, mediante sus formas, a la urgencia de acciones específicas.

Las redes sociales son los medios idóneos para los neofascistas. Las redes sociales son sostenidas por plataformas y algoritmos que magnifican los escándalos que son virtuosos para la propia red y para la “nueva política de visibilidad”. La visibilidad de personas y eventos es manejada cuidadosamente dentro de las herramientas de la red social para magnificar un evento por conveniencia política de un contexto particular. Ruth Wodak los llama la “política de la provocación” y que define como una estrategia para provocar intencionalmente escándalos que violen las normas públicamente aceptadas. El objetivo de esos escándalos son crear drama, indignación moral y controversia que provoca más “clics”, más comentarios y más distribución. Esto afecta la percepción del neofascista para pasar de perpetrador a víctima.

En fin, querido lector, el artículo de Cammaerts es muy completo e interesante, pues identifica, mediante la descripción de las acciones, al neofascista.

NUEVA LEY

Se discute en el Congreso una nueva reforma del Ejecutivo que intenta reformar 23 leyes que impactarán la relación entre el Estado y las entidades privadas de una manera negativa, otorgando superpoderes al Estado frente a las empresas que le venden productos o prestan servicios. Desde mi perspectiva, tiene severos vicios de inconstitucionalidad. La tormenta no termina.

Temas: