Milei y el WEF
El 18 de septiembre escribí una columna sobre la entrevista que tuvo Milei con Tucker Carlson, el experiodista de Fox News que se ha consolidado como un promotor del capitalismo liberal, ahora llamado libertario para evitar la confusión del concepto liberal, que tiene ...
El 18 de septiembre escribí una columna sobre la entrevista que tuvo Milei con Tucker Carlson, el experiodista de Fox News que se ha consolidado como un promotor del capitalismo liberal, ahora llamado libertario para evitar la confusión del concepto liberal, que tiene diferentes acepciones dependiendo del país. El punto es que la narrativa del liberalismo económico ha sido muy deficiente para vender su éxito en el mundo; de alguna manera se pensó que la mejora en la calidad de vida sería suficiente para mantener el voto popular por sí mismo.
En contraste, el populismo fascistoide ha aprovechado muy bien los espacios generados por el conformismo narrativo y se ha dedicado a atacar las fallas del sistema liberal con una narrativa exitosa. La narrativa se basa en las desigualdades (que siempre ha habido y habrá), en la venganza social contra quien tiene más y la falsa noción de que el Estado es el rector de la sociedad y la economía. Para fortalecer su postura han implementado medidas que subrayan desigualdades y minorías, desequilibrando las sociedades mediante la imposición de regímenes especiales (cuotas de género es un ejemplo).
Occidente inventó las libertades y los derechos, la igualdad ante la ley es un principio fundamental de la democracia liberal y no es un concepto nuevo. El emperador Caracalla otorgó la ciudadanía romana a todos los que vivieran en el Imperio hace casi dos mil años. No digo, estimado lector, que no deba, que no existan las desigualdades y que deban fortalecerse los mecanismos para generar bienestar a todos, pero inventar medidas artificiales para paliarlas generando más desigualdad es un engaño en el que es fácil caer. Un ejemplo de esto es el regalar dinero público, porque no existe el dinero público, es el dinero de los contribuyentes.
La globalización ha traído muchos beneficios al mundo y ha reducido las guerras que se generaban por acaparar mercados, siendo la Unión Europea el ejemplo perfecto. Pero también ha generado discusiones globales que han sido aprovechadas por la narrativa socialista para imponer la agenda de igualdad a cualquier precio.
Por lo anterior, el liberalismo económico ha sufrido muchos impactos en su credibilidad y no ha sabido recrear una narrativa que defienda sus éxitos más allá de las cifras, que no son efectivas para vender ideas.
En los ochenta, en plena Guerra Fría, la narrativa del socialismo (hoy es el populismo woke) era el enemigo del capitalismo, pero Occidente tuvo la fortuna de contar con dos férreos defensores del liberalismo económico; Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Ambos ejecutaron lo que decían en sus respectivos países, liberando a la economía, regulando al mínimo, aligerando la burocracia, sacando al Estado del mercado y, con ello, invirtiendo lo ahorrado en educación, vivienda y seguridad, que es el papel esencial del Estado.
No hay país que haya sido próspero por tener un Estado grande y pesado. Tampoco ha habido, en la historia de la humanidad, un país próspero que haya generado su riqueza por el reparto del dinero público.
Pero Thatcher y Reagan se fueron hace mucho y el capitalismo se ha quedado sin defensor hasta que llegó el señor Milei.
No puedo estar de acuerdo con todo lo que ha dicho el señor Milei, pero sí comparto completamente su visión dada a conocer esta semana pasada en el World Economic Forum. Es el discurso más importante que se ha dado contra la corrección política wokista que tanto daño hace a Occidente y lo hace con una facilidad comunicativa y una contundencia brutal.
El capitalismo y la libertad ya tienen quién los defienda y generará otros defensores porque ya hay narrativa y hay que aprovecharla. Debemos entender que el idealismo no puede imponerse a la realidad y, como dijo Milei, ahí están los últimos doscientos años de progreso y prosperidad para probarlo.
