Lecciones de España
El hecho es que Pedro Sánchez es un político sagaz y aventurero.
Hace un par de semanas, España tuvo una elección de sus autonomías y municipios. El Partido Popular arrasó en dichas elecciones y se perfila a recuperar el poder después de que Pedro Sánchez montara una moción de censura exitosa contra Mariano Rajoy, quien tuvo que dejar la presidencia.
El hecho es que Pedro Sánchez es un político sagaz y aventurero que ha tirado por la borda la tradición constitucionalista del PSOE, con tal de tener una mayoría para llegar y mantener el poder. Durante la campaña electoral que le dio la mayoría relativa a Sánchez, prometió defender el régimen constitucional español, no formar gobierno con Podemos (la franquicia castro-chavista española), castigar a los culpables del golpe suave que fue el referéndum para la independencia de Cataluña y defender la Constitución de 1978, que es y ha sido un éxito en un país que se divide con facilidad.
¿Qué hizo Pedro Sánchez? Todo lo contrario a lo prometido, pactó con Podemos, dio el perdón a los golpistas catalanes, modificó el Código Penal para que los golpistas no fueran acusados por rebelión y sólo fueran procesados por sedición, se ha peleado con el Partido Popular (con quien tradicionalmente defendían la Constitución, a pesar de sus diferencias).
Pero, además, la gestión de Sánchez durante la pandemia fue de las peores de Europa, las ayudas empresariales fueron insuficientes y costaron muchos empleos, España tuvo la peor recuperación económica de los miembros de la Unión Europea y, cómo si fuera poco, pactó con Bildu, que es un partido vasco, brazo del grupo terrorista vasco ETA, pasando por encima de las víctimas y la reciente memoria histórica de España. Podría seguir, pero si lo hago no llego al punto.
¿Por qué Sánchez hizo todo esto a la luz de los españoles? Para llegar y mantener el poder a como diera lugar.
En España, cómo en el resto del mundo, el PSOE se autodesigna como un partido progresista y de izquierda (ya sabe usted que no creo en las derechas e izquierdas, sino en los liberales y los autócratas). Con Podemos han llevado el wokismo a España disfrazado, como en todos sitios, de progresismo. Pero para poder contrastar el “progresismo”, Sánchez ha tomado como enemigos a la derecha “extrema” española vinculándola con el franquismo (como los conservadores). No importa si son franquistas o no, lo importante es decirlo.
A principio de su gobierno con el liderazgo tibio y dubitativo del dirigente del PP, Pablo Casado, las argucias narrativas de Sánchez le pasaron por encima una y otra vez. Sin embargo, en Madrid, Isabel Díaz Ayuso se plantó políticamente frente a Sánchez enarbolando con orgullo una opción política distinta a la de Sánchez y el PP entendió que debía cambiar de liderazgo rápido si quería contender realmente por la mayoría parlamentaria.
Llegó al PP Núñez Feijóo, un discípulo de Manuel Fraga que, con su estilo gallego, fortaleció a los liderazgos locales del PP y entendió que la gente no quería un discurso paralelo al progresismo ofrecido por Sánchez, sino que quería una opción distinta que ganara por sus propios métodos.
Con este fortalecimiento estructural y de narrativa, la gente, harta de “progresismo” que sólo genera problemas y defiende minorías votó por la opción del PP. Al ver la inminencia de la derrota, Sánchez adelantó las elecciones a julio, en pleno verano y en un puente importante (día de Santiago de Compostela) para intentar tener pocos votantes y tratar de obtener el triunfo. Se ve una táctica desesperada y difícil, pero así son los hail marys en el futbol americano.
El punto es que la oposición reaccionó, cambió su liderazgo, reforzó su estructura local y cambió su narrativa de tratar de parecerse a Sánchez en versión light a plantarse claramente como lo opuesto al gobierno con ideas y opciones claras. Se podría seguir el guion en otros sitios…
