La pérdida del centro político

Después de la Segunda Guerra Mundial y como parte de la nueva estructura del orden mundial liberal se establecieron los organismos internacionales que regularon desde la política internacional hasta el comercio.El ejemplo más fructífero es la Unión Europea. Europa ...

Después de la Segunda Guerra Mundial y como parte de la nueva estructura del orden mundial liberal se establecieron los organismos internacionales que regularon desde la política internacional hasta el comercio.

El ejemplo más fructífero es la Unión Europea. Europa llevaba siglos en guerras por controlar el comercio. Francia y otros países de Europa hicieron lo posible por mantener dividida a Prusia para evitar que, como potencia, arrasara con el control de Europa. Las dos guerras mundiales fueron consecuencia del choque de esas fuerzas. Al establecer el Tratado del Acero y el Carbón en 1951, base de la actual Unión Europea, se reguló el acceso a los mercados de países que competían para hacer un reparto justo de papeles en el comercio europeo. Alemania logró su destino como potencia y el tratado logró la moderación política interna de los miembros.

Parte del secreto ha sido la garantía de que en Europa se ha consolidado el centro político como opción de gobierno. En países como Alemania, Francia, Bélgica y la Gran Bretaña no ha importado mucho si gobierna la democracia social o la democracia cristiana; uno de izquierda y el otro de derecha, han mantenido políticas públicas que varían poco en el objetivo y su capacidad de cambiar el camino para llegar al objetivo es limitada.

No han estado fuera de riesgo, pero el acuerdo de los actores políticos es no dejar pasar, usando las reglas, a actores políticos que puedan romper el balance. En Francia ha habido muchos intentos de la derecha radical de llegar al poder. Dicha derecha tiene muchos seguidores por el simplismo de su líder, Marine Le Pen, para abordar los muchos problemas de Francia. Ese simplismo conlleva, además, las características típicas del radicalismo político como es la división.

No obstante la fuerza del movimiento de la Agrupación Nacional de Le Pen, cuando han llegado a la segunda vuelta electoral, el resto de los partidos se pliega detrás del político que garantiza el centro. No importa si es de derecha o izquierda, lo importante es mantener el balance liberal y civilizatorio del centro. Dicho centro no sólo garantiza la convivencia interna, sino también la externa. Imagine usted una contaminación de radicalismo de ultraderecha en Alemania o un político francés que pretenda recrear las glorias pasadas con la idea de recuperar territorios perdidos en conflictos bélicos anteriores. Europa es muy vieja y tiene muchas cicatrices que pueden abrirse con facilidad.

Pero no todos los países han podido mantener esa cohesión. El caso español es preocupante. España no ha podido cerrar por completo la cicatriz de la Guerra Civil. Después de la muerte de Franco y desde la transición a la democracia, España había logrado el equilibrio en el centro con dos partidos, el Partido Socialista Obrero Español y el Partido Popular. El eje era la Constitución (cuyo aniversario fue ayer), la unidad de España y los Pactos de la Moncloa. Eso permitió a España entrar a la Unión Europea, a la OTAN y a otros organismos que garantizaron estabilidad, políticas públicas razonables que le trajeron progreso y libertad. Los políticos de ambos partidos podían debatir con agresividad en el Congreso, pero la estabilidad no era negociable.

Dos cosas han pasado los últimos quince años. José Luis Rodríguez Zapatero inició un proceso de recuperación de derechos para quienes habían (habíamos) perdido la guerra. Pero no lo hicieron bien. Muchas facciones extremas de España han visto esto con revanchismo y se les ha dado cabida. La otra situación fue la crisis económica, provocada por el dispendio presupuestal del propio Rodríguez Zapatero, que generó un descontento de los españoles a los partidos centristas. Ese revanchismo se oficializó en partidos políticos. Y como a toda acción hay una reacción, el otro lado del radicalismo despertó. Hoy ambos tienen asientos en el Congreso y uno es gobierno.

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