La pérdida del centro político (II)
En mi más reciente columna https://m.excelsior.com.mx/opinion/luisflozanoolivares/laperdidadel... le comentaba, amable lector, que el centro político había sido la coordenada perfecta para garantizar el desarrollo y el progreso en los países decentes después de la ...
En mi más reciente columna (https://m.excelsior.com.mx/opinion/luis-f-lozano-olivares/la-perdida-del...) le comentaba, amable lector, que el centro político había sido la coordenada perfecta para garantizar el desarrollo y el progreso en los países decentes después de la posguerra. Hablamos de Francia y su sistema de segunda vuelta de votación como una garantía de que no llegarán los extremos al gobierno. Y también hablábamos de cómo España perdió el centro como consecuencia de abrir las heridas de la Guerra Civil de una manera abrupta y con cierta venganza, lo que ha provocado que los extremos se fortalezcan.
Le decía que el partido de izquierda Podemos se convirtió en la bisagra para que Pedro Sánchez pudiera formar gobierno al costo que fuera. Lo anterior ha provocado el surgimiento de un partido como Vox, que defiende, en principio, la unidad de España y el antinacionalismo (lo que conocemos como regionalismo en México) de aquellas zonas de España que quieren independizarse. El problema de Vox es que ha dado cabida a los extremos de ultraderecha y amenaza, como Podemos amenazó al PSOE, al único partido centrista que queda que es el Partido Popular.
Así es como se descompone un país. Ahora, Podemos, al ser gobierno, tiene la influencia y el poder de implementar políticas públicas de izquierda radical. Los apaciguadores siempre dicen que el presidente en turno, en este caso Sánchez, pero pasó con Trump, será pragmático y podrá domar a los radicales. En un principio dichos gobiernos se forman de centristas, necesarios para llegar al poder, y de radicales. Pero pronto inicia una crisis entre moderados y radicales. Los radicales tienen el terreno fácil para criticar que las cosas no cambian por culpa de los moderados. Los moderados culpan a los radicales de querer establecer políticas públicas que asustan la inversión. Esa guerra la ganan siempre los radicales, desafortunadamente.
Cuando las cosas dejan de funcionar, los radicales culparán a las élites económicas de no hacer sacrificios, sin entender su responsabilidad en la merma de las circunstancias de certeza que se requieren para invertir y generar empleos. Y así empieza la nueva batalla contra el capital. No estoy diciendo que España esté en riesgo de llegar a esta situación, porque, afortunadamente para España, durante los últimos cuarenta años se han establecido balances institucionales autónomos que no lo permitirán, pero España perderá velocidad en el progreso a que nos tenía acostumbrados. Ésta es la ventaja del parlamentarismo.
Pero las situaciones que describo son cíclicas en otros países del mundo y en Latinoamérica tenemos doctorado. Porque el radicalismo y la aceptación de los extremos entra por dos razones, por enojo y por ignorancia. Aquí en Latinoamérica nos sobran las dos.
En Estados Unidos se dieron cuenta pronto que las cosas no se arreglan en cinco minutos como lo dictan los cánones ideológicos de los radicales o el simplismo de los populistas, que se alimentan mutuamente.
El progreso se obtiene mediante el trabajo ordenado, continuo en un marco regulatorio liberal; que deje hacer. Pero es aburrido y tardado, además de que comunica mal su éxito.
La diferencia entre los países que logran el desarrollo y los que no, pasan por las formas de gobierno moderadas que equilibran políticas públicas razonables y lógicas para generar riqueza y repartirla. Todos los ejemplos de progreso pasan por ahí, ninguno pasa por la radicalización. Por eso es tan peligroso que la gente, al ejercer su voto, lo haga con enojo e ignorancia, porque siempre acabará mal. Si algún lector tiene algún ejemplo de lo contrario, que me lo diga (habrá quien diga China, pero el éxito de China está limitado a sus ciudades costeras, dentro del país más de la mitad de su población vive en condiciones de pobreza).
Atacar los factores que provocan el enojo y la ignorancia es crucial para llegar a un círculo virtuoso como en muchos países, y no está fácil.
