La normalización
El wokismo es movimiento pendular que desprestigia a las verdaderas luchas sociales y de minorías empezando por la corrupción lingüística.
Uno de los peores fenómenos que ocurre en nuestras épocas es el de la normalización de ideas y conductas que antes no eran ordinarias. Hemos pasado del reconocimiento de las excepciones a considerar las excepciones como lo normal y la regla. Es un fenómeno general que puede verse en política, en la sociedad y en la intelectualidad, que genera distorsiones sociales colectivas cuyas consecuencias no hemos calculado.
Hace algunos años era impensable que un político norteamericano les mintiera a los electores, sin embargo, Trump logró normalizar la mentira como una herramienta de comunicación política que hoy seguirá siendo un arma electoral. Antes, haber sorprendido a un político mintiendo significaba la terminación de su carrera y su desprestigio social, hoy es la normalidad en muchos países donde, además, se justifica por contingentes sociales altamente educados.
Otro aspecto en el que Trump no es único es en emprender ataques abiertos contra porciones de la sociedad que son consideradas distintas. Los indicadores de racismo se dispararon en Estados Unidos durante el mandato de Trump, porque lo que se había manejado como una mala conducta social era vista con normalidad por el principal protagonista de la política americana. Hoy en día, regiones de Estados Unidos han regresado a épocas oscuras de discriminación y racismo gracias a esta normalización.
Pero no sólo viene la normalización de ese lado del espectro ideológico, también viene del progresismo vía el wokismo. El wokismo es el activismo por las causas de las minorías raciales, sexuales o sociales, que ha ido de gestionar la merecidísima igualdad de derechos de dichas minorías ante la ley y las oportunidades que debe dar la vida, a sobreponer e inventar derechos nuevos normalizándolos como si fuesen derechos adquiridos. Ahí tiene en España el caso de que adolescentes menores de dieciocho no requieren autorización de sus padres para cambiar de sexo bajo la idea generalizada de que uno no nace con un sexo definido (donde excepcionalmente podía cambiarse por situaciones específicas) sino que el sexo es una definición individual.
El wokismo es movimiento pendular que desprestigia a las verdaderas luchas sociales y de minorías empezando por la corrupción lingüística. “Personas que menstrúan” es el nuevo adefesio lingüístico para incluir a las mujeres que se convirtieron en hombres. Y es que la corrupción lingüística normaliza y maquilla lo que no es, para convertirlo en conceptos generalmente aceptados.
Es así como el wokismo ha decidido redefinir la historia, la literatura, la vida común… Leí hace poco un artículo que hablaba sobre las novelas de James Bond. Se decía (no lo he comprobado) que las novelas de Ian Flemming habían sido retiradas del mercado ya que están siendo modificadas para quitar frases que pudieran inferir que el personaje era blanco, hombre y caucásico. No me extrañaría ya que, desde hace años, se aboga por que el personaje (más macho y tóxico) fuera personificado por una mujer, un hombre de raza negra o un homosexual.
El problema de normalizar todo para tratar que la sociedad lo digiera a fuerza es que genera más divisiones que pueden tener consecuencias relevantes e irreversibles. El wokismo en California pasó de ser una idea progresista a una sociedad permisiva donde hay ciudades invivibles y regulaciones más duras que en países considerados estatistas. La brújula se pierde fácilmente en los excesos.
Pero insisto, todo empieza por no llamarle a las cosas por su nombre y aceptar los eufemismos que nos mandan los políticos del momento. Las palabras por sí mismas no tienen intenciones, las intenciones se las pone quien las dice, pero vivimos en un mundo donde decir afro antes de la nacionalidad le genera más respeto a un hecho consumado como es el de haber nacido de una raza o de otra.
Tiempos difíciles para la tradición, la libertad y la genética.
