La narrativa política

Hay quien sigue admirando a Cuba y su ideología después de décadas de fracaso.

Si usted me ha leído por algún tiempo sabrá que no soy afecto a la nominación de izquierda y derecha, pues no pienso que sea actualizado ni puedan abarcar las grandes diferencias de ideología política que existen actualmente. La denominación, en muchos casos, es autoimpuesta, como es el caso del gobierno mexicano, que se ha vendido como progresista y de izquierda, cuando la realidad es que ha abrazado ideas más reaccionarias que la propia derecha cuando ésta gobernó.

Reducir la nominativa política a dos lados no representa las opciones políticas reales en el mundo de hoy. Los liberales del siglo XIX en México no son los izquierdistas del México de hoy, como los conservadores tampoco son la derecha. Para ello habría que eliminar cientos de temas de la agenda política que no existían entonces y después comparar las políticas y principios de lo que sigue siendo vigente. Si existiera (tal vez existe) una comparativa así, estoy seguro de que ningún partido se ubicaría por completo en el hemisferio político donde se identifica o le identifican.

Pero toda esta explicación queda sin efectos en la percepción de los países en general. Sólo falta ver cualquier noticiero del mundo para ver cómo se habla de derecha e izquierda, con la misma ligereza a cómo se hace en México. El tema es que los partidos políticos, pero sobre todo los de izquierda, se han apropiado de una narrativa política que permite la persistencia de esa limitada concepción política.

La izquierda con todo lo que abarca con base en lo anterior, ha sido mucho más exitosa que la derecha en esa narrativa política.

El de izquierda está orgullosos de ser de izquierda y el de derecha no lo está habitualmente. Esto obedece a esas percepciones creadas y existentes que colocan a las causas nobles del lado de la izquierda y a las causas de los poderosos del lado de las derechas. El peligro, como lo dice el refrán americano, es que la percepción se convierte en realidad. Y en más realidad que la propia realidad, adicionaría yo al refrán.

Lo anterior, porque la realidad no corresponde a las percepciones en la mayoría de los casos el día de hoy. Algunos estudios del Coneval hace poco demostraron que los programas sociales gubernamentales fueron más eficaces en llegar a quien los necesita durante los gobiernos de derecha que de izquierda, donde se ha llegado a entregar lo mismo a un hombre de edad avanzada en alguna comunidad pobre de Guerrero, que a una señora de las Lomas.

En ejemplos más globales, una comparación entre Cuba y Chile es brutalmente educativa. Dos dictaduras contemporáneas, una de derecha y la otra de izquierda, han sido juzgadas de manera muy distinta por la historia. Es innegable que ambas tuvieron desapariciones forzadas, persecución política, exilio político, etc. De ambos países, ¿cuáles de las políticas públicas impuestas por ambos regímenes fue la más exitosa para reducir la pobreza e imponer el orden jurídico en su país? (Ya sé que habrá gente que dirá que eso es culpa del embargo de EU y otras cosas que son más un mantra que otra cosa). Ahora, ¿quién de ambos dictadores llamó a elecciones, casi fue juzgado en el extranjero y se le han quitado los bienes mal habidos? Respuestas: Chile y Pinochet.

Hay quien sigue admirando a Cuba y su ideología después de décadas de fracaso. La razón es la narrativa política.

Todo lo anterior viene al caso por la visita del señor Santiago Abascal de Vox a México. Vox es un partido que surge en España como necesidad después del nacimiento de Podemos que es el otro extremo. Vox ha hecho mal en dejar que ciertos componentes de la extrema derecha española se hayan acercado con su complacencia; pero Vox ha tenido mucho éxito electoral con base en un discurso abierto y frontal a lo que mucha gente piensa (en eso se parece a Trump). No obstante que aún no han fusilado a nadie, la izquierda española y latinoamericana se han dedicado a etiquetarlos como franquistas e incitadores de la violencia día y noche. Seguimos en la siguiente entrega.

                * Abogado y opinante

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