La mala vecindad
México es un adolescente insolente que no puede controlarse a sí mismo ni a sus impulsos, mientras EU es una persona madura de 55 años
Estimado lector, si usted me ha seguido leyendo durante los años que llevo en este ilustre medio, sabrá que pienso que nuestra estrategia en torno a Estados Unidos nos coloca como de los países más necios y que desaprovechan de la historia del mundo.
Es cierto que Estados Unidos ha tenido lo suyo con México, sobre todo durante la época de su expansión territorial, en la que tomaron ventaja de la tradicional falta de visión estratégica nacional, al tratar de cubrir, ellos sí estratégicamente, el activo geográfico más importante de Estados Unidos durante los siglos XIX y XX, el río Misisipi. También es cierto que ha habido constantes intervenciones en nuestra política, pero en este caso el intento ha sido estabilizar lo que no hemos podido estabilizar hasta ahora.
México es un mal vecino para Estados Unidos. Somos un país que, en lugar de generar una alianza y sociedad virtuosa, como el caso de los canadienses, quienes aprovechan su localización en torno a su propia prosperidad, manejando su relación de una manera madura. La madurez en las relaciones entre países es entender bien los intereses y sobreponerlos, en muchas ocasiones, a los sentimientos o los principios.
Pero México es un adolescente insolente que no puede controlarse a sí mismo ni a sus impulsos, mientras Estados Unidos es una persona madura de 55 años. El problema es que la adolescencia de México es extendida, en realidad tenemos 45 años, pero seguimos en la fiesta. Somos como el tío que no acabó la carrera, vive en casa de sus padres, arma fiestas todo el tiempo que despiertan a los vecinos, pero que exigimos respeto a nuestro desmadre.
Lo ocurrido esta semana con los cuatro estadunidenses secuestrados y dos asesinados es un resumen ejecutivo de la complejidad de nuestra relación con Estados Unidos, pero también de nuestras inconsistencias e incongruencias como sociedad.
Los cuatro norteamericanos sufrieron lo que cientos de miles de mexicanos han sufrido en los últimos diez años o más. El gobierno estadunidense reaccionó con normalidad para proteger la seguridad de sus gobernados (para eso se inventó el Estado), como ningún gobierno mexicano ha querido o podido (que es peor) con los cientos de miles de muertos, secuestrados y desaparecidos de este país.
En cuanto llegó la presión, aparecieron los norteamericanos víctimas del secuestro (¿se puede o no se puede?). No recuerdo que esto haya sucedido con mexicanos de a pie en ninguna instancia.
No sólo eso, muchos políticos estadunidenses ven a México como una amenaza a su seguridad nacional y no es poca cosa. Las organizaciones criminales mexicanas son muy poderosas y muy bien armadas (gracias a los propios norteamericanos) y el Estado mexicano ha decidido dejar de combatirlas, por lo que los delitos se han extendido por todo el territorio.
Existen opiniones cada vez más extendidas de que los cárteles mexicanos deberían ser designados como organizaciones terroristas, lo que permitiría legalmente (ley estadunidense) poder usar fuerza militar contra ellas.
La reacción mexicana es la típica: soberanía, es decir, la soberanía va sobre una posible solución a un problema de seguridad de los mexicanos (el “principio” sobre el interés). Un país maduro pediría colaboración para atacar un problema mutuo, pero un adolescente acabaría defendiendo a sus criminales porque son suyos. Así fue como Pancho Villa se convirtió en un héroe nacional.
La sociedad mexicana en su mayoría contribuye a esa inmadurez del país con la suya propia. Nuestra sociedad cree que es mejor vivir con la soberanía de libro de texto que con paz, seguridad y libertad.
CAMBIO DE HORARIO
Escuché un anuncio donde la Secretaría de Energía dice que, “gracias” a una nueva ley, no habrá cambio de horario, salvo excepciones… Todos los negocios que están vinculados con Estados Unidos sufrirán descoordinación de horario y días más cortos, aunque estemos en la misma línea del tiempo, “gracias” a la necedad.
