La inmediatez y la estupidez

Vivimos en una sociedad donde todo se mueve más rápido. Prácticamente no hay que esperar en nada: de la velocidad del internet hasta el movimiento de las noticias. Si quieres saber algo, no necesitas esperar a estar en casa para buscar en una enciclopedia, lo ...

Vivimos en una sociedad donde todo se mueve más rápido. Prácticamente no hay que esperar en nada: de la velocidad del internet hasta el movimiento de las noticias. Si quieres saber algo, no necesitas esperar a estar en casa para buscar en una enciclopedia, lo buscas en internet y ya está. Esto, sin duda, es benéfico para la humanidad, pero se nos han olvidado los efectos negativos que puede tener. Uno de esos es la falta de paciencia ante acontecimientos que requieren más tiempo para consolidarse. Uno de ellos es el progreso. Hace 200 años la esperanza de vida de un hombre era de 40 años. Desde entonces, múltiples circunstancias han cambiado esa perspectiva y, hoy, la esperanza de vida en países con un desarrollo mediano es de casi el doble, entre 76 y 78 años. 200 años pueden ser muchos, pero no es nada en la historia de la humanidad. ¿Cuánto tiempo tomó el uso generalizado del jabón? No fue instantáneo, pero ya es un elemento de nuestra vida diaria que no valoramos en su relevancia contra las bacterias y otros bichos. La humanidad tardó 50 mil años en descubrir que el jabón era esencial para ampliar la vida y hoy ni lo pensamos. Así pasa con todo, incluido el progreso. El progreso es generacional, se debe medir en donde empieza y acaba una generación en comparación con la siguiente. Es el caso de la aplicación del neoliberalismo en México. Nuestro país venía de tener gobiernos ineficientes y corruptos que pensaban que el dinero público era de los políticos y podía tirarse, porque cada año las arcas se volvían a llenar con impuestos (¿le suena familiar?), sin embargo, llegó la tecnocracia, puso orden en las finanzas públicas, se crearon balances políticos nuevos y con eso el país empezó a crecer.

Cuando llegué al edificio donde trabajo, el estacionamiento estaba virtualmente vacío. La razón es que entonces, hace 20 años, las secretarias, los guardias, la gente que trabajaba en mantenimiento, entre otros, no tenía coche. Hoy en día, casi todas esas posiciones tienen coche, Sky, teléfono inteligente y casa propia. La estabilidad económica les permitió eso. Muchas de estas personas venían de familias donde el padre tenía un oficio. Hoy los hijos de esas personas están estudiando carreras profesionales y serán las primeras generaciones en lograrlo. ¿Es esto progreso o no?

Si bien existe y ha existido la pobreza profunda en este país, hay miles de ejemplos de éxito de políticas públicas que han sacado a estados completos de la pobreza. Casualmente, en aquellos donde no se ha tenido progreso es donde las políticas públicas del neoliberalismo no fueron implementadas o lo fueron a medias. Acusar al neoliberalismo de la pobreza es una mentira. Estaba antes del neoliberalismo y hay países que pueden ser ejemplares para mostrar cómo se puede pasar de vías de desarrollo a desarrollado en muy pocas generaciones (Surcorea y España). Pero la impaciencia y la inmediatez juegan en contra de las sociedades. Los políticos que sólo piensan en las elecciones y no en el oficio de servir, usan esa inmediatez en contra del propio interés colectivo. El “siempre se puede estar mejor” no es estar mal forzosamente. Pero eso es usado en el mensaje populista como una afrenta ante un progreso que se percibe como lento. La decisión de México y EU de ir hacia el populismo es un error histórico, pero tiene como origen la inmediatez y la falta de escrúpulos de quien se aprovecha de esa impaciencia. Los resultados son palpables, sacar de la pobreza a 8 millones de personas es una labor de 20 años, meter a la pobreza a esos 8 millones se hace en 2 años.

Es muy importante, por lo tanto, entender de lo que se trata el 2024. Podemos tomar la lección y regresar a la senda del desarrollo, mejorando todo lo que sea mejorable (hay mucho) o podemos entrar en un ciclo argentino donde los populistas destrozan la economía, luego los tecnócratas llegan a tomar decisiones difíciles que impactan a la gente que votó por los populistas y, antes de que las medidas difíciles empiecen a rendir frutos, la gente regresa a los populistas. Ése es el riesgo y Argentina lleva haciendo eso desde Perón, por lo que es importante entender que lo bueno cuesta tiempo y esfuerzo.

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