La campaña es la guerra
Después de la Segunda Guerra Mundial, Occidente tuvo una época de civilidad política sin precedentes, pero que se ha ido. Durante esos años, en todos los países decentes del mundo las izquierdas y derechas gobernaban de manera balanceada, adoptando políticas de los ...
Después de la Segunda Guerra Mundial, Occidente tuvo una época de civilidad política sin precedentes, pero que se ha ido. Durante esos años, en todos los países decentes del mundo las izquierdas y derechas gobernaban de manera balanceada, adoptando políticas de los contrincantes para mantener al electorado contento y evitar las radicalizaciones que habían sido responsables de dicha guerra.
Hasta hace pocos años, demócratas y republicanos en Estados Unidos tenían una agenda parecida y sólo había matices que los distinguían. Los republicanos bajaban los impuestos a las empresas, mientras que los demócratas los subían. Los republicanos subían el gasto público y los demócratas lo bajaban. En ambos espectros políticos las preocupaciones eran las mismas; cómo mantener a Estados Unidos como la primera potencia del mundo y cómo fomentar el crecimiento económico de la población americana. Todo funcionó con relativa civilidad política hasta que llegó Obama y después, como reacción, Trump.
A partir de ahí y de la redistribución de los distritos electorales en el conocido Gerrymandering, la población y los políticos empezaron a radicalizarse en lugar de continuar con esa sociedad centrista que incentivaba los acuerdos políticos entre ambos partidos.
En España pasó lo mismo con Zapatero, quien radicalizó al socialismo hasta llegar a una política guerra civilista que tildó de fascista todo lo que no fuera progresismo en sus propios términos. La necesidad de apoyos políticos en conjunto con la situación económica creada por el propio Zapatero fortaleció a grupos de izquierda más radicales y que, entonces y hoy, son socios del socialismo haciendo imposible la unión de los partidos constitucionalistas y creando a VOX como reacción. Podríamos hablar de Canadá también o de Italia, que se encuentra en las mismas circunstancias.
Lo primero que hay que entender es que las tendencias han tenido consecuencias replicables en prácticamente todo Occidente. Argentina es noticia global porque la reacción política radical generada por el peronismo ganó con claridad las elecciones y gobernará a partir de diciembre. Creo que Milei es refrescante por su mensaje, aunque no coincido con todo lo que pretende hacer. La campaña de Milei debería ser estudiada por la oposición mexicana en términos estratégicos y tácticos.
En México estamos iniciando un periodo electoral que será fundamental para el país. El actual gobierno no se ha tentado el corazón, como en el caso de España o Estados Unidos, para radicalizar el mensaje social y dividir a la población. Evidentemente, no es la situación deseable, pero, en mi perspectiva, facilita las cosas desde el punto de vista electoral.
La coalición Fuerza y Corazón y la candidata Gálvez deben dejarse de medias tintas en términos de la comunicación. Un país dividido ha hecho gran parte de la tarea electoral. Hoy, sin confiar mucho en las encuestas, dos tercios de los mexicanos sabe por quién sí va a votar y por quién no. Desde el punto de vista táctico, es irrelevante hacer campaña para cambiar opiniones, el centro estratégico de la campaña debe ser en el tercio que no se ha decidido.
En este sentido, una administración que ha sido fallida en términos de seguridad y salud debería ser un blanco fácil, porque ambos temas pegan a cualquier persona que viva en este país. ¿Cómo se debe entregar el mensaje? En mi opinión, hay que centrarse en los blancos y negros, y no meterse demasiado en los grises (como en las épocas de políticas de centro). Hay varios temas en los que la comunicación es sencilla a este respecto.
El segundo punto de comunicación es que debe ser contundente y sólida. Un anuncio sobre retomar la construcción del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México es el ejemplo perfecto. Si la candidata Gálvez lo hiciera, se posicionaría contundentemente frente a un tema que, además, ya es un símbolo para muchos. El tercer aspecto es la sencillez de los mensajes, haciendo una comparación simple de los beneficios de una medida, casi plebiscitarios. ¿Prefiere usted que el gobierno pague las pérdidas de Pemex o prefiere usted escuelas y hospitales con medicinas en su comunidad?... La oportunidad está ahí.
