La apuesta

Como político, el presidente López Obrador siempre dobló la apuesta a sus adversariosy les ganó la partida casi a todos. Desde Zedillo y el tema del domicilio para contenderpor la jefatura del Distrito Federal hasta los pozos petroleros.

La crisis global que estamos viviendo es la idónea para causar crisis política y económica en muchos países del mundo. El efecto de un evento global de interrupción como el que estamos viviendo será grave y duradero en la economía mundial, adicionalmente, por su puesto, a la pérdida de vida y de salud de muchas personas en el mundo.

La caída de las bolsas es apenas una probadita de los efectos económicos que vienen. Desde el mesero que no recibirá propinas, pasando por la arrendadora que no recibirá rentas del arrendatario hasta la interrupción de cadenas de suministro globales tardarán en recuperar la situación en la que se encontraban antes de la crisis global del coronavirus COVID-19.

En Europa, donde hay un porcentaje importante de población arriba de los 65 años, tendrán más muertes que en el resto del mundo. Muchos de los gobiernos europeos ya han sido calificados de tibieza y destiempo en la toma de decisiones, las cuales pudieron haber salvado vidas.

En Italia se anunció que ya no se atendería a las personas mayores de 80 años, condenando a varios a la muerte por salvar a los más jóvenes, bajo una perspectiva de capacidad sanitaria limitada.

España fue otro país que se tomó con ligereza el asunto y Pedro Sánchez será duramente juzgado por el electorado y la oposición cuando la emergencia termine. Francia, Italia y España tienen desde el lunes al ejército en las calles y han cerrado fronteras y espacio aéreo. A Trump le ha pasado lo mismo, hace semanas se difundían imágenes de una reunión de ministros donde el presidente minimizaba el efecto del virus y hoy está tomando medidas duras y contundentes que podrían ser tardías para frenar la epidemia.

Debemos recordar que el señor Trump tendrá elecciones y el candidato de la oposición sólo debe fijarse en dos temas, la economía y la pandemia, derivadas de la tardanza en la toma de decisiones.

El gobierno británico también había minimizado el asunto y hoy hubo un reconocimiento público en el que declaró estar reconsiderando su estrategia. Su condición de isla les permitió contagios tardíos, pero también puede ocasionarles problemas mayores.

Hacia el sur de México, varios países de Centroamérica han cerrado fronteras ante la vulnerabilidad de su sistema sanitario. Pero nada parece preocupar al gobierno mexicano lo suficiente como para tomar medidas de precaución, mientras se tuvo la oportunidad porque ya es muy tarde.

Las cifras oficiales contrastan con las que se reciben de instituciones privadas o de conocidos en términos de la cantidad de infectados.

Lo anterior es peligroso porque, sin control de cifras, es difícil calcular la situación y, por ende, tomar decisiones adecuadas.

Esto va a generar que se tomen decisiones más drásticas que se pudieron haber ahorrado si hace algunas semanas se hubieran seguido protocolos de contención como en otros países.

El problema es, además, de necedad. El gobierno tiende a entercarse cuando se le critica y esto es muy irresponsable.

Como político, el presidente López Obrador siempre dobló la apuesta a sus adversarios, como dice Leo Zuckermann. Éstos nunca supieron reaccionar y les ganó la partida casi a todos. Desde Zedillo y el tema del domicilio para contender por la jefatura del Distrito Federal hasta los pozos petroleros. Doblar la apuesta fue su éxito.

El problema es que, como Presidente, está doblando las apuestas no contra adversarios políticos, sino contra la realidad. Sea ésta económica, en el caso de Dos Bocas y Santa Lucía, o contra la salud, en el caso de las reducciones de presupuesto y el poco abastecimiento de medicinas. El tema de COVID-19 es de otro calibre que nadie, con o sin fortaleza moral, puede contener por gusto o creencia. Vamos tarde en la contención y esto tendrá consecuencias sanitarias, familiares, económicas para los mexicanos, pero políticas para él.

No se puede gobernar un país apostando por el “no pasa nada”, todo lo contrario; gran parte de la responsabilidad de los gobiernos y gobernantes es estar preparados para cuando pase.

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