Fin de una era

De todas las monarquías la más icónica del mundo es la británica. La relación entre el monarca y el concepto de país es indisoluble.

Ser un país republicano tras dos intentos fallidos de establecer una monarquía nos impide entender la relevancia que tienen las monarquías para algunos países. El sentimiento republicano está basado en la igualdad, nadie debería tener mejores derechos por nacer donde ha nacido. Adicionalmente, la monarquía tendrá siempre la mancha de no ser democrática, ninguna monarquía elige al rey o reina. El sabor de las monarquías que queda en los países republicanos es, además, de un sistema rancio y arcaico.

Los países que tienen una monarquía han adecuado sus sistemas para modernizar su contexto. Es así que las monarquías establecidas en los países más decentes tienen monarquías constitucionales y parlamentarias. De esta manera, se acota la función del monarca y se garantiza que la gente pueda votar democráticamente a quien los gobierne vía un primer ministro. Así la función del rey o reina es tangible e intangible. Hay responsabilidades establecidas en la constitución, pero hay simbolismos que no pueden definirse por escrito y que tienen que ver más con la historia de los pueblos y los países.

De todas las monarquías la más icónica del mundo es la británica. La relación entre el monarca y el concepto de país es prácticamente indisoluble. La opinión popular es positiva frente a la monarquía, porque considera que aporta valor y es un factor de estabilidad general. La razón es que hace mucho tiempo los británicos establecieron los límites a la monarquía que otros no tuvieron, como España. En Inglaterra, desde el siglo XIII ya tenían la Magna Carta, primera constitución que establecía reglas de comportamiento. En el siglo XVII, un rey se les quiso salir del control y hubo una guerra civil que acabó ganando Oliver Cromwell y le costó literalmente la cabeza a Carlos I de Inglaterra.

Isabel II llegó al trono por una serie de casualidades. Su tío abdicó y el hermano menor, padre de Isabel, llegó a ser rey cuando no estaba presupuestado. La abdicación dañó mucho a la corona, porque un berrinche personal alejó a un rey de la institución unificadora británica por excelencia. El rey Jorge y la reina Isabel entendieron que la institución de la monarquía había cambiado de ser un privilegio a ser una institución de servicio. Desde entonces, Isabel, siendo princesa de Gales, inició una carrera de servicio que acabó la semana pasada. La figura de la reina no era única del Reino Unido, de alguna manera Isabel era reina de Occidente, una figura icónica y reconocida por todos. Recuerdo muy bien su discurso durante la pandemia como prueba de lo que digo. No importa si eras británico o no, las palabras de Isabel II respecto a que nos volveríamos a ver dio fuerza y optimismo al mundo durante la pandemia.

La palabra deber era sinónimo de su función y como ella la veía. Fue para mí impresionante ver cómo, a dos días de morir, visiblemente afectada, recibió a la nueva primera ministra, cumpliendo con las facultades constitucionales requeridas para la formación del nuevo gobierno. ¿Por qué no ausentarse por estar en su lecho de muerte? Porque era su deber y lo cumplió como la señoría que era.

El mundo y Occidente ha perdido a uno de sus referentes y la última columna que nos unía con el siglo XX, la lucha contra el fascismo y el comunismo. La cuenta de todos los líderes que vio pasar, incluyendo los primeros ministros y empezando por Churchill es impresionante.

Las mujeres del mundo han perdido un gran referente de dedicación, fuerza y honorabilidad que deben ser fundamentos de los movimientos de reivindicación femenina en una sociedad igualitaria. Tal vez no se le ha visto así, pero debería de ser un estandarte del feminismo. No ha habido mujer más relevante e influyente para la historia que Isabel II, con la excepción posible de otra Isabel, la Católica de Castilla.

Se fue una era.

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