Estados Unidos
• El presidente Trump ha sido un mal internacionalista. Su política, desde la campaña, ha sido atender los temas internos y soltar el control de los temas externos.
Muchas veces hemos oído la frase de que todo el mundo debería votar por el presidente de Estados Unidos. Esto por el impacto global que tienen los estadunidenses. Durante la segunda mitad del siglo pasado y hasta la llegada del presidente Trump, los americanos han manejado al mundo, a veces con virtud y otras de manera egoísta, pensando sólo en sus intereses.
Para los lectores que dudan sobre mi aseveración del virtuosismo estadunidense, les digo que todas las organizaciones internacionales fueron creadas o avaladas por los americanos, para tratar de consensuar decisiones relevantes entre todos los países. Desde la ONU hasta el Plan Marshall, los americanos han sido fundamentales para tener el orden global actual.
El problema no es sólo de acciones, sino también de omisiones. El presidente Trump ha sido un mal internacionalista. Su política, desde la campaña, ha sido atender los temas internos y soltar el control de los temas externos. El problema de esto es que los espacios siempre se llenan.
Hay muchísimos ejemplos de los efectos que estos años del trumpismo han dejado en el mundo. Para empezar, los americanos han dejado solos a muchos aliados frente a sus amenazas estratégicas. Europa ha declarado por vía de Merkel y Macron que tienen que incrementar severamente los presupuestos de defensa, para crear un ejército europeo con capacidad de contención frente a Rusia.
Lo mismo ha tenido que hacer Japón. La inversión en defensa se ha incrementado relevantemente y, además, se impulsó una nueva interpretación constitucional, que tuvo sus propios conflictos internos. La constitución de Japón es un documento cuyo contenido fue manipulado por los americanos. Dicha constitución prohíbe la formación de un ejército, aunque permite que existan fuerzas armadas para la defensa de Japón. En su momento, tenía lógica, Japón había sido, históricamente, un país beligerante. Las condiciones geopolíticas de Japón lo hacían vulnerable frente a China, por lo que la estrategia histórica de Japón fue siempre atacar primero. La nueva interpretación permite tener una política de defensa más proactiva, si no es que más agresiva.
La OTAN es otra organización vulnerada. Si bien no ha perdido operatividad, la falta de interés de los americanos en su función estratégica la tiene muy herida. La OTAN es una pieza geopolítica fundamental. Las alianzas militares habían sido sagradas hasta hace poco, donde hoy hay dudas de que dichos compromisos sean cumplidos.
Si hay países que han aprovechado los vacíos generados por los americanos, pienso en tres. China ha aprovechado estos años mediante una colonización económica en África, territorio olvidado por los americanos. La estrategia ha sido dar ayudas y préstamos a países en la zona a cambio de condiciones ventajosas. Rusia ha incrementado su control sobre los países satélite. Como lo he explicado, de París a Moscú no hay barreras físicas, por lo que la estrategia rusa se ha basado en poner tierra de por medio y el frío. Controlar sin objeciones a los países vecinos se ha vuelto algo muy sencillo, aunque los europeos sí lo ven con sospecha.
Por último, Turquía está fuera de control. Turquía es uno de los países más estratégicos para Occidente. Es la bisagra cultural y geopolítica de Europa. Turquía colinda con Europa y del otro lado con Siria, Irak, Irán, Georgia y Armenia. El presidente Erdogan ha sido un político muy relevante para Turquía. Ha cambiado la tradición laica y ha tenido una política expansionista que estuvo a punto de causar un conflicto con Grecia en pleno mediterráneo. Erdogan se siente libre para actuar y eso tendrá consecuencias.
Por ello es urgente que los estadunidenses regresen al papel de árbitro internacional, para recuperar el control de ciertas zonas del mundo, antes de que sea demasiado tarde.
