A la memoria de mi yayo,
Jacinto Lozano Madrid.
El simplismo es una característica de personas que tratan de explicar y actuar en todo con base en circunstancias básicas y sin tomar en cuenta la complejidad que las situaciones tienen habitualmente. Es falta, comúnmente, de educación, cultura, experiencia o inteligencia. El simplismo es un defecto y no una virtud, como muchos piensan. El simplismo explica y propone soluciones bajo un análisis banal y superficial de una situación. El problema con el simplismo es que es contagioso y sumamente atractivo para las masas carentes de cultura y educación. El simplismo es peligroso en muchísimas áreas de la vida, pero en unas más que en otras. Sin embargo y, paradójicamente, nadie quiere un cardiólogo simplista, pero muchos votan por el político simplista.
En política, el simplismo es un arma de los listos y enfermedad de los mediocres. Como lo he mencionado en múltiples ocasiones, el mundo y la vida en él han mejorado sustancialmente. Sin embargo, explicar con gráficas, estadísticas y datos a las masas es muy difícil. El simplista ataca la necesidad actual, aunque ésta sea inferior a las cubiertas por el progreso. Ahora, el uso del simplismo en la historia conlleva otras intenciones. Normalmente, esas intenciones son más complejas y, con frecuencia, malévolas. Ejemplos hay muchos. Mussolini prometió a Italia que los regresaría al Imperio romano, intentando unir a los italianos al margen de la época más gloriosa de la geopolítica de ese país (que no lo era entonces); el simplismo de ignorar las fases del Imperio romano, los dos mil años de eventos transcurridos desde entonces no fueron tomados en cuenta por quienes lo apoyaron. El caso de Hitler, que todo mundo conoce, es icónico y sofisticado en su base; parte de una idea simplista de la raza aria a la que acomoda y utiliza todo tipo de símbolos, incluidas sinfonías y obras literarias escritas mucho antes del Tercer Reich.
A veces, las intenciones no son de unir, sino de dividir. Éstas pueden ser más crueles porque separan a los ciudadanos de un propio país. Dividir a la historia entre buenos y malos es el ejemplo perfecto del simplismo, mismo que ha derivado en cientos de guerras civiles en el mundo, pero dos de los mejores ejemplos son México y España.
España tiene su fundamento como nación en el siglo XV, y tiene una historia llena de guerras entre dos bandos que, con base en simplificar los lados entre malos y buenos, conservadores y liberales, monárquicos y republicanos, peninsulares y criollos, carlistas y borbones, catalanes y españoles, rojos y nacionales, han alimentado conflictos entre sí. Lo explico porque algunos pensarán que esos nombres, que pueden ser actuales, no lo son. Ni siquiera son de hechura mexicana y ya estaban muy de moda, al servicio de la división desde mucho antes que Colón llegara a La Española. Es lo que tiene la falta de educación y de cultura, que nos compramos los trucos rápidamente. Se nos olvida que la Catedral de Burgos inició su construcción cien años antes de que dos nativos de esta tierra encontraran al águila comiéndose la serpiente y ya hay quien nos lleva siglos en el manejo de temas de fácil manipulación.
Pero siguiendo con España, ésta no está peleada con su pasado (más allá de la guerra civil española). Es un país riquísimo en historia y cultura, donde pasaron y conquistaron iberos, celtas, fenicios, griegos, cartagineses, romanos, godos, visigodos, vikingos, árabes, franceses, británicos, etc. España tiene muchos complejos, pero su historia de tierra conquistada no es uno de ellos. Cuando uno pisa Granada, los locales muestran la Alhambra con el mismo orgullo que los cordobeses muestran la Mezquita o los segovianos el acueducto. Los europeos, quizá por haber tenido más tiempo para digerirlo, se ven a sí mismos como una mezcla de culturas y pueblos a lo largo de los últimos cincuenta mil años que los hace ser lo que son y sin lo cual no serían.
En México la cultura de libro de texto y la intención de dividir nos ha indigestado la conquista. ¿Qué, no es igualmente importante Monte Albán que Santo Domingo?
