El servicio público

No tendremos una cultura política de verdadero servicio hasta que no logremos parte de la profesionalización de la burocracia y hasta que no haya reglas claras con consecuencias para aquellos que se exceden en sus funciones públicas.

                Para Álvaro con mucho orgullo y amor

 

De acuerdo con Andrés Serra Rojas en su Compendio de Derecho Administrativo, “El servicio público es una actividad técnica, directa o indirecta, de la administración pública activa o autorizada a los particulares, que ha sido creada y controlada para asegurar —de una manera permanente, regular, continua, y sin propósitos de lucro—, la satisfacción de una necesidad colectiva de interés general, sujeta a un régimen especial de derecho público".

De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española servir es, entre otras acepciones, “estar al servicio de alguien, estar sujeto a alguien por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone, ejercer un empleo o cargo propio o en lugar de alguien, hacer las veces de otro en un oficio u ocupación, aprovechar, valer, ser de utilidad”.

Inicio con estas definiciones para intentar sentar la base de mi artículo. Los servidores públicos están al servicio del pueblo que los elige o de quienes representan. Las nociones de servicio son tan viejas como los orígenes de las democracias. El servir era un honor para quien lo hacía, a veces un sacrificio como en el caso de las fuerzas del orden o los militares, quienes ponen en riesgo el valor máximo que es la vida.

Hoy en día estamos siendo testigos en el mundo de la vocación y el servicio valiente de millones de médicos y enfermeras que se enfrentan contra un virus peligroso y desconocido. Pero para ello, el Estado debe darles el equipo y los insumos adecuados para protegerlos ante la enfermedad. El mes pasado, Bill Gates escribió un artículo donde establecía la protección al personal médico como una prioridad estratégica ante el virus. Los únicos que no pueden caer son quienes están en la primera línea. Desafortunadamente, no ha sido el caso de todos los hospitales de México. De eso el Estado es culpable, porque esta pandemia la hemos visto llegar en cámara lenta.

El contraste entre los médicos y enfermeras que hoy tratan de salvar vidas bajo peligro y el del servicio público que nos gobierna no puede ser más obvio. No es caso único de este gobierno, creo que nuestra cultura presidencialista ha generado una noción de que quien sirve desde el gobierno, más que ser un servidor, es un jefe. Un comandante que puede hacer lo que quiere porque para eso está ahí.

La teoría del derecho de Estado o administrativo ha creado mayores consecuencias legales para los servidores públicos para balancear su poder y la responsabilidad con la que debe ejercerse. Sin embargo, las leyes mexicanas han sido poco eficientes para castigar de manera ejemplar a quien ejerce sin responsabilidad o quien se excede en sus funciones. Durante años hemos visto a miles de funcionarios públicos ser inhabilitados para ejercer cargos por 20 años u otros periodos ridículos. Sólo los enemigos directos del gobierno de turno van a la cárcel por sus excesos.

No tendremos una cultura política de verdadero servicio hasta que no logremos parte de la profesionalización de la burocracia y hasta que no haya reglas claras con consecuencias para aquellos que se exceden en sus funciones públicas.

Tampoco la habrá mientras sigamos eligiendo a personas que creen que el poder es para ponerse encima de los otros y no para servir a la patria.

Ignacio Pichardo Pagaza

No es casualidad que he escrito sobre la noción de servicio que deben tener los funcionarios públicos en la primera entrega después del fallecimiento de un funcionario público ejemplar. Lo conocí a él y a su familia desde niño. Siempre fue un hombre íntegro y honorable que trabajó por el bien de su estado y de su país. Fue, además, un gran padre y un ejemplo para todos los que lo conocimos de cerca. Dentro de la función pública desempeñó puestos importantísimos que nunca lo cambiaron como persona.

Fue diputado, secretario de la Contraloría, secretario de Energía, gobernador del Estado de México, presidente del PRI y coordinador de campaña de Ernesto Zedillo. Por todos esos puestos pasó con talento, entrega y clase. Fue uno de los pocos políticos de este país que pasó por el pantano sin mancharse el plumaje. Como él necesitamos varios. QEPD.

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