El incentivo público
La amenaza del castigo fuerza la conducta del individuo e incrementa los trámites a seguir.
50 años...
Los gobiernos democráticos del mundo tienen dos incentivos esenciales para moldear conductas, establecer estrategias y ejecutar políticas públicas. Los estadunidenses le llaman the carrot and the stick (la zanahoria y el palo). Los países serios y decentes son particularmente hábiles en la aplicación de ambas opciones. Habitualmente, en estos países se usa mucho más frecuentemente la zanahoria que el palo. Para que la zanahoria funcione bien tiene que ser evidente que hay coherencia, congruencia y consistencia entre el sacrificio que se exige al individuo y el bien colectivo que se está buscando. En los países escandinavos se cobra un alto porcentaje de impuestos y, sin embargo, la evasión fiscal es baja; la razón es que el impacto positivo de los impuestos en la infraestructura, la calidad de vida y en el servicio médico es evidente. Los gobiernos de países en desarrollo tienden a utilizar el palo más seguido que la zanahoria. Así, la amenaza del castigo fuerza la conducta del individuo y generalmente incrementa los trámites a seguir, porque la idea es que el ciudadano no lo es, es más bien el gobernado y tiene que joderse. El ejemplo de los impuestos es a la inversa, hay pocos que pagan impuestos a los que se les exige y fiscaliza en exceso, porque tratan de evadirlos, porque no ven los beneficios de pagarlos ni en infraestructura ni en calidad de vida ni en un solo servicio gubernamental; es un círculo vicioso.
Me referiré al ejemplo de la movilidad. Todo lo que tiene que ver con movilidad, ya sea en una ciudad o entre países y continentes, tiene un incentivo crucial que es la conveniencia. Cuando la gente viaja a Londres o Tokio, se sorprende de ver a empresarios y políticos viajando en el metro junto con el resto de la gente de todo nivel socioeconómico. Quitando temas esenciales como la seguridad, es decir, nadie asalta en el transporte público, las cualidades del mismo en términos de eficiencia, puntualidad, limpieza y alcance lo hacen más conveniente que utilizar el coche. Las propias ventajas del transporte público incentivan su uso. Te conviene más y punto.
Por lo anterior, el diseño y la ejecución de movilidad incluyendo trazo y obra pública es parte integral del resultado virtuoso de la política pública completa. Cuando las autoridades de cualquier ciudad de México se preguntan por qué la gente no usa el transporte público es exactamente por lo contrario: no me conviene. Entonces, ante la incapacidad de generar la zanahoria, viene el palo: hoy no circulan los coches con terminación X y, por tanto, esa gente tendrá que usar el transporte público a chaleco.
El caso del libro es el aeropuerto Felipe Ángeles. Este aeropuerto se ubicó en el extremo contrario a donde vive la gente que más viaja en avión de la Ciudad de México que es el poniente (sur o norte); es decir, para la gente que viaja en avión y que tiene que tomar las previsiones normales de viaje como son la documentación, seguridad, etc., además de ese tiempo intrínseco del viaje, hay que sumarle de una a tres horas de trayecto más el costo adicional que esto conlleva. Ante dicha contradicción, se pudo haber construido un tren elevado ultrarrápido con tres o cuatro estaciones ubicadas en distintos puntos de la Ciudad de México que, incluso, hiciera menos tiempo de lo que se hace al aeropuerto Benito Juárez. Obvio, no se hizo. Por lo tanto, la pregunta es ¿me conviene más viajar del AIFA o del AICM?
Cómo no hay zanahoria, ahora el incentivo es el palo. Desde hace algunas semanas llegar al AICM se ha vuelto una pesadilla. Yo viajo mucho, en el extranjero, el tiempo desde que aterriza un avión hasta que está uno en el taxi camino al hotel oscila entre 20 y 40 minutos. En la Ciudad de México, desde hace cuatro semanas es de una hora hasta una hora 45 minutos cuando esto no era así. Es evidente que hay una acción deliberada para generar molestia en el uso del AICM para que la gente acepte el AIFA. Puede haber daños colaterales como el turismo, venir a sufrir malos tratos no es necesario para quien no vive aquí.
