El futuro de Norteamérica
Norteamérica es una región virtuosa que ha crecido y crece, a pesar de sus políticos. Como es evidente, el motor de la región es Estados Unidos y eso lo ha aprovechado históricamente mejor Canadá que México. Canadá, desde un principio, decidió ser un vecino ...
Norteamérica es una región virtuosa que ha crecido y crece, a pesar de sus políticos. Como es evidente, el motor de la región es Estados Unidos y eso lo ha aprovechado históricamente mejor Canadá que México. Canadá, desde un principio, decidió ser un vecino cómodo para los americanos, por ello se posicionaron como aliados con la facilidad que la identidad anglosajona les dio a ambos (aunque Ottawa, la capital de Canadá, está diseñada para escapar de una invasión americana, por si acaso).
En nuestro caso, la relación empezó sin identidad cultural y viendo a México como una amenaza. La historia de Estados Unidos cambió cuando encontraron el Misisipi (aunque el conquistador español Hernando de Soto lo había descubierto en 1541), porque es un río cuyas características y caudales permitía el comercio dentro de una de las más grandes planicies del mundo que, a su vez, era tierra fértil por el río, compró el territorio a Francia que necesitaba dinero para sus guerras europeas.
Pero había un problema, un país llamado México era la única amenaza desde su territorio de Texas, por tener desprotegido el flanco oeste de la salida al mar del Misisipi. Es así que los americanos definieron una política de expansión pensada en su propia defensa geopolítica. Si el Misisipi era la primera preocupación, el Pacífico se convirtió en la segunda. Esto costó guerras entre México y Estados Unidos que han sido digeridas en velocidades e intensidades distintas.
A partir de ahí, la inestabilidad política en México ha sido y es un problema para Estados Unidos. El principal problema es la inhabilidad de México para generar prosperidad, estabilidad e igualdad, por lo que la intervención activa y pasiva de Estados Unidos ha sido una constante histórica en nuestra relación. México es un gran país con muchas virtudes, pero el pragmatismo es una que no tenemos y que es clave para la prosperidad.
En los años 90, después de un giro estratégico en nuestra política económica con la entrada al GATT en el gobierno de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari propuso la creación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, posiblemente la decisión más estratégica de México desde la nacionalización de la industria petrolera en 1938. El acuerdo comercial entre los tres países de Norteamérica ha impulsado la prosperidad, el comercio y la economía de los tres países. Pero quizá la economía más impactada con efectos positivos es la de México, que se ha convertido en una potencia de manufactura y exportación.
Después vino Trump y la pandemia generando aún más oportunidades para el establecimiento de plantas de manufactura y explotación de recursos como consecuencia del endurecimiento del tratado comercial norteamericano, el conflicto con China y el fenómeno global de regionalización comercial, luego de que la pandemia evidenciara los problemas que genera una economía globalizada. Ahí es donde estamos.
Los tiempos han cambiado y hoy México tiene más cosas en común que las que tiene Canadá con Estados Unidos. El norte de México y el sur de Estados Unidos están sufriendo una fusión cultural y económica sin precedentes. Si usted va a un Target en Estados Unidos durante la época de Halloween, verá usted una fusión de catrinas y calabazas, que es simbólica de lo que pasa en todos los rubros.
El problema que tiene la región son sus políticos. Durante los últimos 30 años no ha habido un objetivo adicional de integración norteamericana fuera de la renegociación trumpiana. La región tiene muchas oportunidades, pero los políticos mantienen las diferencias entre países vivas por intereses electorales.
El caso de México es único y equivocado. Estamos frente a la oportunidad más grande de desarrollo y prosperidad que haya tenido país alguno en la historia universal. El mercado más grande del mundo nos necesita como aliado, muro, fábrica y amigo, y nosotros no aprovechamos la oportunidad. Pensamos que el nearshoring es inevitable porque existe la idea equivocada de que competimos contra Tailandia, Vietnam o Brasil. No, señores, competimos contra el sur de Estados Unidos y nos van a ganar porque no hay nada más caro que la incertidumbre.
