El asedio

Se ha aliado con los principales enemigos del Estado, negociando con ellos para socavar las libertades y garantías de la gente común.

                A mi hermano Mauricio.

La fuerza política autollamada “izquierda" (ya sabe usted que, como Ortega y Gasset, no creo en eso) ha decidido mantener el poder a como dé lugar. Para ello ha hecho de todo, ha mentido durante la campaña, ha sido incapaz de gestionar las crisis siendo, además, el país con más muertes por covid-19 de la región.

Se ha aliado con los principales enemigos del Estado, negociando con ellos para socavar las libertades y garantías de la gente común, que tiene ya que someterse a la voluntad de los grupos de fuerza locales. Este gobierno, además, ha traicionado su propio juramento constitucional de hacer cumplir la Carta Magna y ha decidido atacar la integridad de las leyes que le dieron el poder. ¿Cuál es la razón? Mantenerse en el poder a como dé lugar y a pesar de todos.

Esta semana fue el colmo, a golpe de mayoría parlamentaria se atacó la integridad de una institución sagrada y garante del orden democrático y de las libertades. En otros tiempos, los discursos que se oyen en el Congreso serían inaceptables y condenados fuera y dentro del país, pero hoy sirven cómo gasolina para garantizar la polarización que alimenta la división social, única arma que queda para mantener aliados ante el evidente fracaso del proyecto. El país con menor recuperación económica de su región.

Como habrá adivinado usted, querido lector, estamos hablando de España. Pedro Sánchez llegó al poder torpedeando a su Rajoy en el contexto de un escándalo de corrupción del PP y, con ello, aprovechó la crisis de credibilidad en un partido fundamental para España colocándose como un centrista. Para la España democrática, el equilibrio constitucional ha sido garantizado en la negociación política entre PSOE y PP, cuando eso funcionó, el centro político era donde había que estar. El problema es que hace años llegó un señor que se apellida Zapatero, y decidió que podía llevar las políticas públicas al extremo si, en vez de negociar con el centro de la derecha, podía negociar con el enemigo. Es así que el socialismo (del cual vengo y cuya bandera cubrió el féretro de mi Yayo) negoció con separatistas y terroristas con tal de mantener el poder.

El 1 de octubre de 2017, el gobierno catalán se saltó el orden constitucional y llevó a cabo un referéndum para preguntar a su base (¿le suena?) si debían independizarse de España o no. La reacción del gobierno central fue sobria, fría y exitosa en el corto plazo. La Constitución española contiene garantías para controlar a los gobiernos regionales que quieren, y tienen, cada día más poder. Así, el gobierno decretó el control administrativo de Cataluña y llamó a elecciones para liberar la presión. Sánchez, el seductor, tomó el poder apoyando la medida constitucional hasta que requirió de los votos del separatismo. Es como si en México el gobierno pactara con el narco….

La reflexión general y repetida es hasta dónde la libertad y la democracia funcionan y hasta dónde se hacen daño. Lo de Perú es de idiotas, pero es lo mismo. El intelecto de Pedro Castillo no dio para más, pero en el resto de los países hay más malicia. Y estamos rodeados. En Francia, Le Pen; en Estados Unidos, Trump; el Reino Unido se suicidó democráticamente con un voto sostenido a pesar de la evidencia. Lo dijo Churchill con esa claridad mental única, “los fascistas del futuro se llamarán a sí mismos antifascistas”, tal vez le faltó decir “y llamarán fascistas a su oposición”. La falta de escrúpulos y honorabilidad es indescriptible en quienes lo entienden. En la borregada es sólo estupidez. La democracia liberal no puede seguir así. La libertad alimenta su propio veneno, se ataca desde dentro. El voto democrático vota en el parlamento su propia extinción porque no hay garantías. Todo está cimentado en la democracia, los legisladores son votados y los jueces son puestos por esos legisladores y votados por ellos mismos.

Los checks and balances han fallado. Mientras tanto, los Putins, Castros, Jinpings se ríen de la ineficacia de la democracia liberal para defenderse a sí misma. ¿Cuál es la respuesta? Para mí, son las barreras de entrada. Un problema matemático o científico requiere de técnica y de expertise, no de mayorías. O nos repensamos las reglas o la autocracia, la tiranía y el absolutismo prevalecerán, democráticamente.

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