Biden y la herencia de Trump
• Rusia y China aprovecharon cuatro años para avanzar en sus agendas geopolíticas de manera contundente.
Como sabemos bien, el presidente Trump desdeñó todo lo que ocurría fuera de EU. Ignoró la responsabilidad que los propios americanos adquirieron voluntariamente después de la Segunda Guerra Mundial, al organizar un orden mundial fundamentado en organismos internacionales y alianzas con otras potencias en todas las regiones del mundo. Estados Unidos siempre fue el apoyo geopolítico de muchos países y muchas regiones, aunque el trabajo de contención a sus adversarios siempre fue en conjunto con sus aliados.
Trump, con el simplismo característico de los populistas, pensó que reorganizar el comercio para que las plantas de manufactura tradicionales regresaran a Estados Unidos sería suficiente para relanzar la economía como en los años ochenta. No pensó, claro está, en que el costo de manufactura en Estados Unidos subiría, impactando a los consumidores americanos.
Mientras, el mundo avanzó. Los aliados de Estados Unidos sintieron, por primera vez, incertidumbre y desconfianza de quien siempre los apoyó. Europa ya trabaja en la creación de un ejército multinacional y en incrementos presupuestales para tecnología militar. Entienden que no pueden depender de nadie. Japón ha cambiado la interpretación constitucional de tener fuerzas armadas sólo para efectos de defensa y ha comprado armamento a los propios americanos; hoy, la tercera marina militar más fuerte del mundo es japonesa.
Pero no sólo los aliados se movieron en el vacío trumpista. Rusia y China aprovecharon cuatro años para avanzar en sus agendas geopolíticas de manera activa y contundente.
Rusia es un país apasionante para mí. Es el país más grande del mundo, pero tiene una población ligeramente mayor a la de México, es vecino (y parte) de Europa, que fue la potencia más expansionista e invasora de la historia de la humanidad (Rusia colinda con 14 países). ¿Cómo han mantenido la integridad territorial con esas condiciones y sin limitaciones físicas naturales como montañas o ríos? Con tres elementos: tierra, frío y armas. Cuando se fundó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la estrategia no cambió. Las repúblicas adheridas daban ese “colchón de tierra” que siempre ha requerido Rusia para su defensa. Dos países son fundamentales en su estrategia histórica, Polonia y Ucrania.
Polonia es una influencia perdida de momento por Rusia. Reagan, Thatcher y Juan Pablo II se encargaron de cimentar el occidentalismo en Polonia de una manera muy eficaz. Polonia es parte de la Unión Europea, la OTAN y tiene una población importante, de treinta y siete millones de habitantes.
Pero la otra bisagra relevante es Ucrania. Desde la disolución de la URSS, Rusia ha visto a Ucrania como un escudo relevante ante Occidente. Estamos muy lejos y las noticias se interesan poco, pero en Ucrania hay un frente de guerra. Es la única guerra que hay en Europa.
Rusia ha tratado, por todos los medios, de controlar Ucrania. En los últimos años incluso ha tratado de asesinar a un político ucraniano que llegó, después de ser envenenado con polonio, a ser presidente de Ucrania, Viktor Yushchenko. En 2014, en Crimea, que es una península del Mar Negro y que pertenecía a Ucrania, se llevaron referendos separatistas no reconocidos por Occidente, donde parte de la población se definió como rusa. Por supuesto, Vladimir Putin consideró legal el instrumento y Rusia invadió Crimea y Sebastopol para “defender” a los rusos que se encontraban ahí. Fue una anexión como la de Alemania a Austria, en 1936.
En el oeste de Ucrania, las fuerzas armadas de aquel país están repeliendo grupos armados que parecen rusos, se visten como rusos y tienen armas rusas. Europa está alerta y Rusia los “tranquiliza” repitiendo que no es una amenaza. Seguiremos en la siguiente entrega.
