Autofagia democrática

Los que votan pueden ser manipulados o engañados por los que son votados.

Durante algunos años he estado escribiendo sobre las trampas que existen dentro de la democracia y que requieren, para mí, el establecimiento de barreras de entrada y controles para garantizar el progreso y el bienestar de las sociedades democráticas. La democracia tiene dos caras, el que vota y el que es votado. El que vota (como generalidad) tendrá más y mejores resultados si es educado y culto, y podrá controlar mejor al votado. Un perfecto ejemplo de esto son los países nórdicos o Suiza.

Pero es difícil que el que vota tenga la educación y cultura requerida para entender todos los aspectos de gobierno y los efectos en su vida. Incluso, países como Estados Unidos están llenos de analfabetas e incultos que tiene la capacidad de votar como cualquier otro. Europa no es ajena a ello, ahí tenemos el suicidio masivo que fue el Brexit donde, tanto los que votan como los votados (manipulando a los primeros), pensaron que la isla británica podría sola y se salió del bloque europeo. Se les olvidó que la isla nunca estuvo sola en sus éxitos imperiales, tenía a las colonias y que Europa fue la sustitución natural de éstas para colocar los productos británicos.

Ése es el problema de fondo, que los que votan pueden ser manipulados o engañados por los que son votados. Entonces, la única manera de controlar la autofagia democrática es controlar mejor a los votados. La idea es clara y la ejecución difícil, porque los políticos que hoy están instalados en sus sillas y que llevan toda la vida viviendo del cuento no harían nada por cambiar las reglas. El segundo reto es convencer a la opinión pública de que exigir capacidades y características de los que son votados no ataca una libertad que es lo que se aduce en estas discusiones.

Siempre que se habla de que los que son votados deben tener ciertas características como carrera profesional, maestría, exámenes de confianza o fama pública, se rebate diciendo que la constitución otorga el derecho universal de votar y ser votado. El argumento es simplista porque todas las carreras profesionales de este país requieren estudios y certificaciones para ejercerse salvo la de ser político. La Constitución le brinda a usted, querido lector, el derecho de ser cardiólogo, pero al contrario de lo que pasa con los políticos, usted no puede entrar a un quirófano a abrirle el pecho a una señora para hacerle un trasplante de corazón sin haber estudiado medicina, tener una certificación e incluso años de experiencia.

Es así que creo que nuestro sistema político requiere de una restructuración profunda, no sólo estructural, sino también reglamentaria para filtrar vivales y centrar los puestos en lo que son, servicio público puro y duro.

ESPAÑA

Y hablando de autofagia, en España se dio esta semana el debate de investidura de Núñez Feijóo, que ganó las elecciones, pero, paradójicamente no tiene los apoyos parlamentarios para formar gobierno. Quien sí los tiene es el actual presidente en funciones Pedro Sánchez, que está apoyado por el brazo político de ETA, los golpistas catalanes de 2017 y los pseudocomunistas en su nuevo disfraz de wokismo inclusivo.

Cómo era esperado, Feijóo no obtuvo los votos, aunque el debate sirvió para desnudar a Sánchez y la secta socialista que lo mantiene en el poder entre otros grupos políticos. Vale la pena ver los debates, porque, a pesar de la difícil situación de España, todavía hay elegancia, elocuencia y contundencia en el debate parlamentario que ya quisiéramos aquí para un día de fiesta.

¿Qué sigue? Le toca al señor Sánchez. El punto es el precio que los diputados de Junts (menos de 1% del electorado) le ponen a Sánchez. Hasta ahora solicitan una ley de amnistía, un referéndum vinculante sobre la independencia de Cataluña y 450 mil millones de euros. Todo inconstitucional. Estaré escribiendo al respecto.

Temas: