Arranca 2024
El deterioro en tantos temas es de tal magnitud que plantear alternativas será fácil. Mientras que, del otro lado, el candidato estará amarrado...
La semana pasada arrancó la etapa fuerte de 2024 con la selección de Xóchitl Gálvez como la futura candidata del Frente Amplio por México o FAM, para fácil referencia. Como era de esperar en un país tan diverso y opinante, hubo quien estuvo a favor de que se llegara a la selección vía declinaciones y otros querían la elección prometida para ayer, día que escribí esta columna. Muchos piensan que la declinación de políticos profesionales y no muy novatos que digamos equivale a una elección cupular. Por otro lado, una elección abierta a quien se registró en el FAM tenía su riego, ya que había posibilidades de mano negra para favorecer a Beatriz Paredes y que Morena tuviera más oportunidades de continuar con la 4T.
Para mí, hay que ser prácticos, y si el objetivo era tener a una candidata competitiva para el 2024, había que asegurarse de ello y no debían correrse riesgos innecesarios. Esta semana, Morena decidirá a su candidato (es un decir) y será muy interesante ver quién será. Hasta hoy es conocido que Claudia Sheinbaum es la favorita, pero si no lo fuera, podríamos ver el primer golpe a los planes de sucesión por parte de la oposición, ya que otra persona que no fuera Sheinbaum podría ser una decisión forzada por la circunstancia y, por lo tanto, no ser el plan original.
Esto reforzaría la teoría que tiene Jorge Castañeda respecto a que los presidentes de los últimos 40 años no han podido seleccionar a su sucesor, porque las circunstancias políticas del momento se imponen y controlan la decisión.
Lo más importante que tiene que hacer el FAM y Gálvez ahora es diferenciase de su alternativa (la 4T). El estilo de la candidata es fundamental como lo hemos dicho, porque la democracia requiere carisma para ganar una elección, aunque no nos guste (no llega el mejor, llega el que gana). Gálvez debe mantener esa frescura y candidez para decir las cosas, pero debe tener dos ejes de comunicación. La primera es ser ágil para responder lo que le manden de manera contundente y populachera, como lo ha hecho hasta ahora, pero sin engancharse demasiado. Si algo se ha hecho bien por el FAM, hasta ahora, es que ha logrado quitar el monopolio de la narrativa a Palacio Nacional, y quien la controla, también controla el campo de batalla.
El segundo eje es el más importante y puede hacerse fácilmente ante las opciones mostradas en los últimos 5 años. Primero, mostrar un equipo sólido de políticos profesionales con buen prestigio. Ya están dentro del equipo José Ángel Gurría e Ildefonso Guajardo. Hay más, el papel de Enrique de la Madrid y José Antonio Meade, y otros es fundamental para demostrar la contundencia de la opción opositora. El sólo hecho de presentar esos nombres es un diferenciador relevante.
En segundo lugar, hablar seriamente de las diferencias de proyecto. Hablar claramente sobre Estado de derecho, la importancia de instituciones fuertes, la transición hacia el futuro, una Norteamérica más fuerte e integrada, un programa de inversiones en infraestructura que hagan sentido con la oportunidad del nearshoring y el comercio con el Pacífico, además del restablecimiento del Seguro Popular y el esquema de compra de medicinas, reiniciar las obras del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, etcétera. Un país en la situación de seguridad como en la que estamos debe tener una estrategia que fácilmente rebase la de los abrazos.
El deterioro en tantos temas es de tal magnitud que plantear alternativas será fácil. Mientras que, del otro lado, el candidato estará amarrado de una mano al no poder criticar o formular nuevas opciones sin pisar los cayos de a quien todo el mundo teme.
El FAM debe centrar su estrategia en provocar que la gente salga a votar, que no se extienda la idea de la inevitabilidad y en una diferenciación de las bondades del liberalismo democrático y económico.
