2020
Muchas de las mayores economías están buscando otras opciones distintas a las que les han traído bienestar. Yo estoy convencido de que gran parte de esta situación es por no tener una estrategia de comunicación viable que haga evidente el porqué hoy es mejor que ayer
Este artículo se lo dedico a todas las personas
que son fundamentales en mi vida.
Cada vez vivimos años más vertiginosos. El 2020 cierra una década que inició con una crisis económica, pero con estabilidad política, y acaba con un mundo desacelerándose económicamente y, en mucho, por la inestabilidad política que se ha generado en el mundo. Esta semana salió un artículo en el Spectator titulado “Acabamos de tener la mejor década en la historia de la humanidad”, y contenía muchísimos indicadores de reducción de pobreza, reducción de muertes infantiles, mejores servicios médicos, menos guerras, etcétera, que demuestran que la economía de mercado y la democracia liberal generan desarrollo en el planeta.
Sin embargo, después de la lectura del artículo, uno ve el panorama político y no se entiende por qué la mejora no ha generado un mundo más satisfecho. Por el contrario, muchas de las mayores economías del mundo están buscando otras opciones distintas a las que les han traído bienestar. Yo estoy convencido de que gran parte de esta situación es por no tener una estrategia de comunicación viable que haga evidente por qué hoy es mejor que ayer. La competencia en términos de comunicación es feroz e injusta porque los populismos basan su estrategia en identificar lo malo, ignorar lo bueno y simplificar la solución de los problemas, como si sólo se tratara de un tema de voluntad.
En Italia, la coalición de derecha populista llegó al poder atacando la inmigración que llega a Europa por costas italianas. En Italia, como en Estados Unidos, la derecha no entiende que la gente que emigra por pobreza o guerras no tiene nada que perder. Que sería más efectivo tener una política de desarrollo regional que permita a mucha gente tener un trabajo y un nivel de vida digno (aunque el mundo mejora, sigue habiendo mucha injusticia). El mundo desarrollado a veces cree que lo merece todo, como si hubiera llegado al éxito sin explotar a otros. El caso de Europa y África es emblemático porque, a diferencia de lo ocurrido en América, los europeos no dejaron en África universidades y cultura, ahí sólo explotaron lo que pudieron. ¿Por qué no pensar en un modelo que acelere los efectos de la economía de mercado y la democracia liberal?
El 2020 será un año muy interesante para la historia; es el primero de una década y empieza con un proceso legal contra el Presidente más controvertido que ha tenido Estados Unidos, pero que nos enseña el valor de las instituciones en las democracias y la importancia de los contrapesos, mientras aquí sucede lo contrario y miramos a otro lado.
En Europa inicia con el Brexit, que es una de los errores históricos más grandes de uno de los países más relevantes en la historia del mundo. Los costos están por verse. Los efectos geopolíticos en Europa se van a desarrollar por décadas, incluyendo las consecuencias militares que deban tomarse en un mundo donde Estados Unidos rompió el multilateralismo, mientras el principal enemigo de Europa se recupera militarmente a pasos agigantados.
Asia hace la tarea, cada vez más enfocados en el orden y en la economía, sin grandes sobresaltos políticos, será el mundo desarrollado del futuro, porque tienen las cosas claras hasta ahora: educación, orden, democracia y economía de mercado con tres potencias económicas como principales clientes (India, Japón y China).
En Latinoamérica, desafortunadamente, seguiremos en lo nuestro. A veces avanzamos un paso y regresamos dos, a veces avanzamos tres y regresamos uno. Todo por una mezcla idiosincrática de irresponsabilidad y corrupción que nos hace inmunes a darnos cuenta del daño autoinfligido. Qué bien nos haría estudiar casos de éxito del sur de Asia que, con un clima similar, han logrado despegar hacia el desarrollo sin caer, hasta ahora, en el paternalismo nocivo de Latinoamérica, que evita la aplicación de la economía de mercado y la democracia liberal a plenitud, pero que, al mismo tiempo, la culpa de sus penurias.
Deseo que a partir del 2020 seamos más responsables, más participativos y menos dependientes. Que pensemos más en el largo plazo que en la gratificación instantánea. Salud y felicidad.
