Amnistía a delincuentes
La propuesta de amnistía a la delincuencia organizada está completamente fuera de lugar y pinta al personaje que pretende jurar “cumplir y hacer cumplir la Constitución y leyes que de ella emanan”, que es el juramento que se requiere en toda democracia moderna, para asumir un cargo público. Aquí, en todo caso, se estaría jurando que no se van a cumplir ni la Constitución ni las leyes. La propuesta es brutalmente contraria a los valores de las democracias constitucionales modernas en su teoría, pero, además, en la práctica.
“El que tolera el desorden para evitar la guerra,
tiene primero el desorden y después la guerra”.
Niccolò di Bernardo dei Machiavelli
La propuesta surge de un mal diagnóstico, ya que lo que pretende es pacificar sin pasar por la justicia hacia víctimas y el cumplimiento de la ley en contra de victimarios. Es sucumbir la fuerza del Estado a la delincuencia, porque preferimos estar en paz que en un Estado de derecho. Quizá el personaje no recuerde para qué surgió el Estado y cuál es su función primordial. Ceder el monopolio del uso de la fuerza, que ya de por sí está en entredicho, para rendirnos, es la propuesta del hombre fuerte que quiere gobernar con base en voluntad.
También ignora que el origen del problema tan serio que tenemos en términos de delincuencia es exactamente lo que propone. En la primera línea, en los municipios de este país, nadie tuvo la voluntad ni las herramientas para luchar contra la delincuencia (en muchos casos, incluso, se asociaron), creando el monstruo contra el que hoy está luchando México. La impunidad en dichos niveles ha fortalecido a los grupos delincuenciales al punto en el que estamos. ¿Y ahora lo que ofrecemos en impunidad pactada?
¿Con quién se sentaría a negociar? ¿Quiénes son los líderes “legítimos” que representen a los grupos delincuenciales? ¿Qué se va a negociar? ¿El objetivo es la paz, pero a cambio de qué? ¿Se pretende que los delincuentes dejen su negocio y regresen a actividades lícitas? ¿Qué pasa si no cumplen? ¿Otra “guerra” u otra amnistía?
El problema no se detiene ahí, entre las otras propuestas del candidato se incluye eliminar la autonomía de la Fiscalía para que la designación y reporte sean al Presidente y se propone fusionar Fuerzas Armadas y policía en una Guardia bajo las órdenes presidenciales. Otra vez, la voluntad personal es más importante que las instituciones y las leyes.
Por último, las víctimas, la gente que ha muerto, que ha sido secuestrada, asaltada o violada, ¿la tomamos como sacrificios por la paz? Los derechos humanos que se preocupan tanto por los soldados y marinos que viven a balazos en muchas zonas del país, sacrificando su vida, ¿qué opinan de la amnistía?
Cuando Estados Unidos y México lograron su independencia cimentaron las condiciones y fundamentos que reflejan su realidad. En Estados Unidos se dedicaron a escribir leyes y a crear instituciones basadas en el cumplimiento de la ley. En México nos dedicamos a producir caudillos con la esperanza de que la voluntad de cada uno de ellos nos hiciera un país más desarrollado y próspero.
Y aquí encaja otro tema de actualidad que es la Ley de Seguridad Interior. No creo que dicha ley sea la mejor pieza legislativa posible, pero no surge de lo que debería ser, sino de lo que se requiere por las condiciones actuales, es decir, la ley está redactada con base en la realidad y no, como es lo normal, la ley trata de moldear la realidad. Los tontos que se quejan de que esto es militarizar al país, no se han enterado que el país está militarizado desde hace tiempo ya. Me gustaría que todas las opiniones sobre el “deber ser” que ignoran la realidad vivieran un tiempo en zonas de Tamaulipas o Michoacán, para saber qué opinan de la ocupación del Ejército o si lo prefieren en los cuarteles. Lo que falta es responsabilizar a las autoridades civiles que no pueden mantener el orden en su territorio, destituirlas y fincar delitos como incentivo.
Las guerras y la violencia contra la población y el Estado se combaten con fuerza superior de acuerdo con la ley. Si mantener o buscar el orden con la fuerza del Estado en términos de ley es fascista, anóteme en la lista.
