Tibieza

Ha sido muy impactante para mí escuchar las reacciones de muchos líderes de opinión respecto de las acciones judiciales contra miembros del exgobierno de Cataluña que se han dado en España a últimas fechas. 
Todos los días se escucha que en México lo que falta es orden 
y Estado de derecho, pero vemos 
que la parte incómoda de la legalidad causa dudas. 
 

Y es que, tal y como estaba previsto, después de varios llamados al orden en todos los tonos, después de la aplicación del artículo 155 de la Constitución de España, la fiscalía y los jueces se pusieron a hacer su trabajo sobre la violación de supuestos normativos actualizados. A eso la comentocracia mexicana ha respondido muy tibia. Don Héctor Aguilar Camín, en entrevista radiofónica, habló de un error de Rajoy y que eso no abonaba a la solución del problema político, y me recordó lo que la gente decía en el desafuero del jefe de Gobierno en 2006.

Me sorprende que don Héctor y otros distinguidos miembros de la comentocracia confundan la velocidad con el tocino. En primer lugar, las cosas llegaron hasta donde llegaron por quienes violaron la Constitución, después de hacer caso omiso a todos los llamados a la cordura de los tres poderes del reino. Por lo tanto, las consecuencias eran sabidas y conocidas y aun así declararon la independencia unilateral de Cataluña.

En segundo lugar, en un país decente como lo es España, el Presidente del Gobierno no puede frenar una orden judicial de detención o de otra índole, porque existe una separación de poderes real. No está en las manos del señor Rajoy que se inicien los procesos o no, una vez que los delitos se llevaron a cabo. Catalogar los delitos tampoco está dentro de las facultades del Presidente de Gobierno, normalmente los delitos tienen una descripción general sobre la cual la fiscalía o el juez clasifican una acción de un sujeto. No es un capricho decir si hay rebelión o sedición, es si la conducta se amolda al supuesto normativo.

En tercer lugar, la democracia es un sistema que se juega dentro de las leyes, no fuera. No puede usted meterse a una casa a la fuerza y votar para ver si se la queda y luego decir que eso es democrático. Si es ilegal, no es democrático. De otra forma, podríamos hacer una votación para ver quién quiere pagar impuestos o quién quiere tener un mejor coche. Sería súper democrático, pero ilegal.

El problema reside en nuestro compromiso con la ley. En México para arreglar un problema político estamos dispuestos a justificar que la ley no se aplique como en el caso de 2006. ¿Qué generó el desafuero, el desacato a una sentencia judicial o la lucha política? Técnicamente el desacato, la lucha política se aprovechó de la circunstancia. Pascal Beltrán del Río publicó en su columna del miércoles que la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha emitido ya varias sentencias que ordenan la destitución de presidentes municipales y delegados por desacato. La falta existe y es idéntica a la de 2006.

Por lo tanto, si queremos vivir en democracia liberal y plena, debemos respetar la ley y la división de poderes. ¿Que se tiene que buscar una solución política? Sí, pero eso es independiente de que algunos delinquieron y tienen que pagar su conducta. Dura lex, sed lex.

Por otra parte, es increíble el ridículo que está haciendo el señor Puigdemont. Ni siquiera los separatistas belgas quieren apoyarlo. Y éste, muy al estilo de los populistas, se queja de que hay presos políticos en España. Los presos políticos son aquéllos a los que se les encarcela por sus ideas y no por acciones concretas. En España no hay presos políticos; el ladrón está en la cárcel por robar no por tener la idea de robar.

En fin, esta reacción de la comentocracia nos indica nuestro nivel de compromiso con la legalidad y la democracia liberal. Por cierto, no veo a nadie criticando la investigación del fiscal especial Mueller en Estados Unidos ni diciendo que el procesamiento de gente cercana a Trump “empeora” el entorno político. Quizá porque vemos a España más cercana a nuestra idiosincrasia.

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