Ayer y mañana

Estuve esta semana en la Cumbre de Negocios que organiza don Miguel Alemán y que es un foro de pensamiento importante para entender circunstancias y encontrar oportunidades. Los participantes son una mezcla de funcionarios mexicanos de primer nivel, académicos, consultores y empresarios de todo el mundo, lo que ayuda a tener una perspectiva externa de lo que pasa en México, cuestión que nos falta mucho por esa manía absoluta de autoflagelación por todo.
 

La autoflagelación constante de los mexicanos abre oportunidades para el populismo y eso nos debe tener nerviosos visto lo que hemos visto en el mundo.

No es que vivamos en un país sin problemas, desde luego México tiene mucho espacio de mejora en muchos temas, pero la evolución favorable de los indicadores mexicanos es tan cierta como impopular. Muchos que están leyendo este artículo pensarán que estoy hablando desde la desconexión absoluta de las realidades de este país. Y no es así, hay pobreza, inseguridad, crecimiento limitado de la economía, salarios bajos y corrupción para disipar dudas.

Pero es un país que avanza, que tiene impresionados a muchos académicos y expertos por la implementación de las reformas estructurales que son únicas en el mundo y por las que se recordará a este sexenio, pasado el calor del momento. Los de fuera nos ven avanzando, mientras nosotros nos ahogamos en pesimismo. Mucho tiene que ver la falta de capacidad de comunicación de este gobierno. No han podido articular una estrategia que llegue a la gente con los datos positivos que nos reconocen del exterior. Que comparados con otros países de nuestro barrio, vamos muy adelantados y que debemos seguir trabajando en reformas y políticas públicas que nos den las herramientas del desarrollo.

El peligro de la falta de información y de la propagación del pesimismo nacional es que es un caldo de cultivo importante para una innecesaria noción de cambio hacia lo que había antes, porque se nos ha olvidado que lo de antes era peor que lo de ahora. Y esto viene por lo que ha pasado en el Brexit, Trump y hoy con los catalanes, donde la gente se tira al vacío por una incapacidad de comprender que hoy viven mejor que nunca antes, aunque todavía no estemos a niveles de países europeos. En esta incapacidad de comunicar y en esa falta de conciencia de que se ha avanzado y que se vive mejor, el gobierno y los empresarios tienen una responsabilidad brutal.

CATALUÑA, CÁRCEL Y PRECIPICIO

Pues, al final, el señor Puigdemont no tuvo lo que se necesita para declarar la independencia y pasó la bola al Parlamento donde, por el voto de 70 parlamentarios, se declaró Cataluña como un país independiente, cuestión que no será reconocida por ningún país decente del mundo.

Como si la salida de mil 600 empresas no fuera suficiente, estos políticos irresponsables han ahondado las diferencias entre los españoles y provocarán violencia que después servirá para denunciar represión. Los golpistas serán procesados por sedición y algunos por rebelión e irán a la cárcel. La fuerza pública tendrá que imponer el orden, aunque sea a palos (el uso legítimo de la fuerza que tanto nos cuesta entender) y los controles constitucionales se implementarán por la fuerza, pero de manera legítima. Espero que los Mossos de Escuadra cumplan con las órdenes de las instituciones del Estado español en términos del artículo 155 y no se aventuren en un problema mayor con las fuerzas de seguridad del Estado.

España es un país decente, un país de leyes. Las negociaciones al margen de la ley y los llamados al diálogo desde la ilegalidad no pueden aceptarse en un Estado de derecho ni se puede solicitar la libertad de quien delinque. Yo sé que en México nuestros complejos nos hacen pensar que el diálogo es mejor que la confrontación bajo cualquier circunstancia, pero eso es inaceptable en una democracia plena que se rige bajo un marco constitucional serio. Las acciones del Estado español y su contundencia nos deberían servir como ejemplo de que la ley no es negociable y todo dentro de su marco es factible; fuera, jamás.

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